Opinión

El voto de los jóvenes

 
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ME. Millennials sueñan con la seguridad laboral.

En todo el mundo los jóvenes ven a la democracia representativa con escepticismo y se abstienen de participar en los comicios. Hace poco en el Reino Unido, el referendo para permanecer o no en la Unión Europea se perdió porque, a pesar de que el 75% de ellos estaba en contra de salir, muy pocos se presentaron el día de las elecciones.

En Estados Unidos hay 75 millones de millennians (18 a 29 años), exactamente los mismos 75 millones que hay de baby boomers (51-69), pero mientras que esta cohorte es la que con mayor interés sigue las campañas e invariablemente va a depositar su papeleta, cerca de la mitad del primer grupo (que representa el 21% del electorado) no se registra ni se asoma por las casillas. Son miles los muchachos que, sin mayor preocupación, dejan pasar la oportunidad de hacerlo al llegar a la edad legal.

Adicionalmente hay grandes diferencias raciales (sufragan el 60% de los blancos, el 17% de los hispanos y el 15% de los negros), por nivel de estudios (votan más los universitarios) y por estado civil (votan más los casados).

Se formó así un círculo vicioso: los políticos no buscan convencerlos, porque saben que es inútil, y ellos no se interesan por participar porque sienten el desinterés de aquéllos.

En 1990 un ejecutivo de Virgin Records fundó Rock the vote, un movimiento para promover que los jóvenes se registraran para votar.

Lograron pasar una ley que ofrece oportunidad de hacerlo al obtener la licencia de conducir (lo primero que hacen los muchachos al cumplir los 18 años). Actualmente existe además el registro en línea, que se tarda menos de dos minutos. Y ni así.

Durante algún tiempo se pensó que los temas ecológicos podrían atraer el voto joven y, de hecho, eso le sirvió un poco a Al Gore. Otros han enarbolado la bandera de la legalización de la mariguana sin gran éxito.

No han entendido que los de esta generación mantienen gran debate y activismo político a través de las redes sociales, pero la política electoral les parece sucia e ineficiente.

Crecieron en un período de recesión económica y a diferencia de sus padres, tienen enormes obstáculos para educarse, emplearse, conseguir una casa y formar su propia familia.

Las colegiaturas de estudios superiores se han elevado constantemente. En una universidad privada una carrera cuesta unos 140 mil dólares y eso ya no lo pueden pagar trabajando en las tardes y en las vacaciones, a pesar de ser el estrato que más ahorra. El resultado es que al salir de la escuela deben, en promedio, 29 mil dólares. No hay trabajos suficientes y si consiguen, el sueldo anual típico de un egresado es de 57 mil dólares.

Las empresas no tienen incentivos para implantar planes de aprendices y aunque ofrecen puestos para un millón de internos al año, no siempre son pagados y tienen una alta rotación. Obama, que en 2008 y 2012 obtuvo cierto apoyo juvenil, prometió 170 mil plazas más en el AmeriCorps (programa de servicio social voluntario con una pequeña compensación económica), pero el Congreso no le aprobó los fondos necesarios.

Eso explica el éxito de Sanders entre los jóvenes blancos. Proponer un aumento significativo del salario mínimo federal y la supresión de las colegiaturas y las deudas escolares hizo que consiguiera hasta el 80% de los votos de ese sector en las primarias de Iowa, New Hampshire y Nevada. Contribuyó también su imagen de integridad, así como su firme oposición al predominio del dinero en la política y a la economía que favorece a las grandes empresas, a costa de dejar sin casa y sin empleo a miles de personas.

Hillary Clinton no tuvo más remedio que retomar muchas de esas propuestas, pero menos de la mitad de los chavos que seguían a Bernie declara que se resolverá por ella; veinte por ciento lo harán por Trump (porque lo sienten más auténtico), diez por ciento se irán por algún independiente y veinte por ciento mejor harán otra cosa el 8 de noviembre, como protesta contra un sistema que limita sus opciones y porque el par de septuagenarios que no les dice nada interesante.

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