Opinión

El voto de los grupos religiosos

 
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Iglesia. (www.viveusa.mx)

Habiendo experimentado una creciente secularización, Estados Unidos sigue siendo un país muy religioso. Las distintas denominaciones son institucionalmente fuertes; disponen de grandes universidades, seminarios, fundaciones y medios de comunicación. Cuentan con una feligresía activa, que se involucra en política como medio para infundir sus valores en la vida social. Todos los que hoy son senadores declaran una afiliación eclesiástica. No es raro que personas como Mike Huckabee, ministro bautista, busquen puestos públicos o que se permita a candidatos hacer proselitismo en las iglesias.

Hasta los noventa las convicciones de los aspirantes a la Casa Blanca fueron un factor decisivo para los ciudadanos. Jimmy Carter fundamentaba sus políticas en el Nuevo Testamento y organizaba jornadas nacionales de oración cuando el país enfrentaba problemas graves.

Para dos tercios de los votantes, Estados Unidos es una “nación cristiana” y sigue siendo importante, no sólo que los candidatos sean personas de fe, sino que compartan sus mismas creencias. Es una cualidad que se estima tanto como la preparación universitaria o haber servido en las Fuerzas Armadas.

Curiosamente Mike Pence y Tim Kaine, postulantes a la Vicepresidencia, son asiduos a los oficios dominicales y a las obras caritativas, pero ni Donald Trump ni Hillary Clinton son percibidos como practicantes.

De hecho, Trump era el que menos tenía esa calidad entre los que contendieron en las Primarias de su partido. Formalmente es presbiteriano y tuvo cercanía con el reverendo Norman Vicent Peale, autor del best-seller “El poder del pensamiento positivo”, libro del que saca muchas de sus frases optimistas. Sufre sin embargo lo que algunos califican como “déficit de virtud”: adúltero serial, dueño de casinos y de concursos de belleza; avaricioso, mentiroso y vulgar; partidario hasta hace poco del aborto, difícilmente podría atraer la simpatía de las personas devotas.

Sin embargo, con excepción de los mormones (como Mitt Romney), que lo aborrecen, cuenta con el voto de las comuniones que tradicionalmente han apoyado a los Republicanos: la Convención Bautista del Sur, los Presbiterianos y las Asambleas de Dios. A su favor están igualmente tele-evangelistas con grandes audiencias (como Paula White, John Hagee, Mark Burns, Mike Murdock, Robert Jeffress o el rabino Smuley Boteach).

Lo más sorprendente ha sido el apoyo de los grandes patriarcas del evangelismo conservador (Jerry Falwell Jr., Ralph E. Reed Jr., Pat Robertson y James Dobson, fundador de Focus on the family). Lo ven como un mal menor frente a la ex Primera Dama, a la que llegan a calificar de diabólica.

En esos prejuicios se apoyó Trump en junio, cuando le dijo a líderes cristianos: “no sabemos nada de Hillary Clinton en términos de religión”. Y es que aunque ella es nominalmente metodista, rara vez asiste al templo. En su autobiografía atribuye a la fe en Dios su vocación por la justicia social, pero no acostumbra citar la Biblia y sintetiza su moral en términos muy generales: “haz todo el bien que puedas, en todas las formas que puedas, a toda la gente que puedas”.

A la candidata se han sumado sobre todo quienes normalmente respaldan a los Demócratas: el Judaísmo Reformado y las grandes iglesias negras (la Africana Metodista Episcopal, la de Dios en Cristo y la Convención Nacional Bautista). Bernice King, hija menor de Martin Luther King Jr.y líder de la Conferencia Cristiana Bautista del Sur, es su ferviente partidaria. En su cuota de tele-evangelistas, destaca la controvertida “performative pastor” Nadia Holz-Weber, que tiene tatuado el Evangelio en el cuerpo.

Con excepción de los Testigos de Jehová y otras pequeñas sectas, que desaprueban la lucha electoral, todas las congregaciones tratan de influir en los votantes. Es el caso de los católicos hispanos, que nunca han estado definidos hacía algún partido y que en esta campaña están sumidos en la confusión. No pocos de los que se habían inclinado hacia los Demócratas por sus políticas sociales y sus propuestas migratorias, ahora no están muy seguros de sufragar por Hillary por su posición sobre el aborto y el matrimonio gay y porque, como lo puso en evidencia Bernie Sanders, está demasiado cerca de los grandes intereses financieros. Igualmente, muchos que se inclinaban por los Republicanos no podrían votar por quien quiere desatar una persecución racista de latinos e islamistas y ve aceptable la tortura.

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