Opinión

El vino y la religión

   
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Baco

El vino, a diferencia de otras bebidas, reviste una importancia simbólica que ni la cerveza tiene a pesar de su antigüedad.

Desde tiempos muy antiguos hemos utilizado el vino en actos rituales. A través del vino, el hombre entraba en contacto con los dioses debido al estado de embriaguez que provoca su ingesta inmoderada. Los sacerdotes de diferentes culturas de la Antigüedad sabían de los efectos benéficos para la salud, es por ello que desde tiempos remotos, el vino y la religión han formado parte de un matrimonio místico que aún permanece.

Cuando la Historia –propiamente dicha– comienza con motivo del descubrimiento de la escritura, el ser humano dejó testimonio de sus mitos y rituales en los que el vino jugó un papel protagónico.

Gestín era la diosa “madre-cepa” para los sumerios, Osiris para los egipcios, Dionisio para los griegos, Baco para los romanos y Jesús a través del vino quiso ser recordado con el rito más importante del catolicismo: la misa.

Dionisio o Baco –padrino de esta enófila columna–, fue hijo de Zeus y Sémele. Se cuentan más de una leyenda sobre la creación del vino por parte de esta querida deidad olímpica. Los griegos ofrecían en diferentes ceremonias el vino a Dionisio. Libación es precisamente la aspersión de vino como una ofrenda a una divinidad.

El vino fue un elemento básico en el desarrollo de las culturas mediterráneas. Uno de los grandes historiadores griegos, Tucídides, afirmaba que “los pueblos del mediterráneo, comenzaron a salir del barbarismo cuando aprendieron a producir vino”.

Para dos de las principales religiones monoteístas –judaísmo y cristianismo–, la Biblia afirma que el vino es un regalo de Dios.

La Biblia menciona al vino en numerosas ocasiones. El cristianismo es la religión en la que el vino es una sustancia divina, ya que precisamente uno de los grandes dogmas de la iglesia Católica, la transustanciación, consiste que el fruto de la vid se transforma en la sangre del fundador. El simbolismo del vino como sustancia de Dios es única en esta religión.

Resulta curioso y estoy seguro que no es fruto del azar, que los dos principales insumos para el rito máximo del catolicismo sean pan y vino. Ambos alimentos fermentados y además grandes compañeros en la mesa.

La trascendencia religiosa, histórica, social, antropológica, simbólica y alquímica del vino es insuperable porque es la única bebida cuya importancia es fundamental como elemento civilizador en una mesa o reunión social como el symposion griego. Para las principales religiones, el vino es una bebida purificadora. A través del vino el hombre entra en contacto con lo divino, ya que primeramente es un regalo de los dioses, después el hombre la ofrece como algo muy preciado y por último al beberla se funde con la divinidad para buscar su propia esencia.

El vino es cultura... ¡Salud!


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