Opinión

El vino mexicano en
un mundo globalizado

El sector vitivinícola mexicano se encuentra en un punto crítico, donde se deben de tomar decisiones fundamentales para que durante los próximos veinte años el vino mexicano se consolide en el mercado nacional e internacional como una opción de calidad del “nuevo mundo”.

La calidad en nuestros vinos es real, pero la mayoría de los productores han optado por permanecer en un área de confort donde el consumidor mexicano continúa con la percepción de que el vino mexicano es un producto caro –pese a que la mayoría de vino mexicano vendido oscila entre los 90 y 130 pesos–, y además la franca división entre los productores no permite que se consolide como una opción para el cliente.

No se trata de cuestiones fiscales porque el vino mexicano paga los mismos impuestos que los de otros países con los que tenemos tratados de libre comercio; sin embargo, los costos de producción de esos países se ven disminuidos gracias a los apoyos agrícolas e incentivos que otorgan sus gobiernos. En el caso de nuestro país existe el Consejo Mexicano Vitivinícola (CMV), que es una entidad privada constituida por los principales productores –no todos para variar–, de vino en México y reconocida por el gobierno federal. Hasta donde tengo entendido, la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, canaliza apoyos económicos a través del CMV para promover y apoyar a los productores mexicanos. ¿En qué invierte el CMV los recursos? No se ha visto una presencia de vino mexicano como marca en ferias internacionales de vino (como Vinexpo o ProWine) o una campaña de marketing que contribuya a posicionar el vino mexicano en los medios de comunicación claves.

Como he mencionado en anteriores columnas, los esfuerzos de los productores no han sido suficientes porque se necesitan estímulos por parte de los tres niveles de gobierno, así como una estrategia de inversión y comercialización de parte de los productores para darse a conocer a un mercado potencial de diez millones de personas, que reitero, no ha sido atendido por las bodegas mexicanas.

Durante años he presenciado un desencuentro entre pequeños y grandes productores de vino mexicano, que frena gravemente al sector al acentuar la débil posición del país dentro de los principales productores vinícolas en el mundo. Contamos con un potencial de producción y consumo que exige de los protagonistas hacer a un lado las diferencias e identificar las soluciones conjuntas que fortalezcan el vino nacional.

México necesita vino de calidad a precios que puedan competir con vinos extranjeros con precios muy competitivos. Para ello es fundamental un sector unido que deje a un lado las diferencias personales y se unan por una causa común: el vino mexicano. Por eso cuando piensen en vino decidan por México. ¡Salud!

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