Opinión

El vino de los Ángeles

   
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Viñedos

Hace un par de semanas fui a Cataluña, invitado por el Consejo Regulador de Vinos del Priorat. Nos convocaba un evento por este organismo llamado Espai Priorat. La visita fue sorprendente. La magia, la historia, el suelo y los vinos hechos por decenas de productores de esta denominación -en un paisaje idílico que invito a conocer-, hacen del ritual del vino un sueño inolvidable.

La superficie de viñedos plantados en el Priorat es cerca de 1,900 hectáreas, prácticamente la mitad de los que hay en nuestro país. Esta zona es única: su suelo y sobre todo la forma de plantar las vides. Como si fueran sembradíos de arroz, las vides están dispuestas en su gran mayoría en terrazas escarpadas. Imaginen la dificultad de trabajarlas y sacarle sus mejores jugos a un suelo compuesto de pizarra y piedra que no se niega a entregar a estos vinos un perfil aromático y sápido excepcional. Aquí se confirma que cada vino está unido en matrimonio con la comida de su tierra como más adelante lo van a ver.

Los vinos en su mayoría son tintos, aunque también se elaboran blancos, rosados y generosos. Las uvas representativas del Priorat son Garnacha y Cariñena. Durante un tiempo los vinos del Priorat eran astringentes y no del gusto de todos. Sin embargo, los productores se unieron, acordaron normas de calidad y ahora, superada esa transición han logrado producir vinos que yo llamaría sublimes. Tuve la oportunidad de probar algunos que ya compiten entre los grandes como L’Ermita de Álvaro Palacios y Clos Erasmus de Daphne Glorian, cuyos precios superan en ocasiones los mil euros y acompañados de un cordero tierno usted comprenderán que la experiencia se vuelve incomparable.

Hay otros vinos estupendos asequibles como Clos Mogador de René Barbier, que se venden en México y pueden acompañar platillos como un jugoso churrasco o unos tacos de lechón. Si usted elige el platillo adecuado, nunca lo harán quedar mal.

Me resulta imposible nombrar con justicia todos los extraordinarios vinos que probé. Después de esta experiencia comprendí por qué los ángeles eligieron al Priorat para elaborar su vino. Según la versión más antigua, a finales del siglo XII el rey de Aragón Alfonso II “el casto”, envió dos caballeros a encontrar un lugar ideal para que la orden de los Cartujos se instalara en el reino. Al pie de una montaña conocida como Montsant, los lugareños contaban a los caballeros que una auténtica epifanía ocurría, ya que en un pino muy alto se aparecía una escalera por la que subían y bajaban ángeles del cielo. La analogía con el sueño de Jacob en el relato bíblico del Génesis es sorprendente –por no decir que es una copia fiel.-

La “prodigiosa” narración bastó para que el rey otorgara esas tierras a los monjes contemplativos fundados por San Bruno y establecieran ahí su “cartuja” –monasterio-, dedicado a Santa María con el nombre de Scala Dei. Desde entonces, los ascéticos monjes como parte de su dieta y sus rituales religiosos, introdujeron el cultivo de la vid. Según los estatutos de la orden, cada cartuja está gobernada por un prior, y su dominio era conocido como “priorato”, de donde toma el nombre una de las Denominaciones de Origen más antiguas de España. Conozcamos Cataluña a través de sus vinos. ¡Salud!

Twitter: @Rene_Renteria
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Priorat