Opinión

El vigilante Simon, por despenalizar los enervantes


 
 
Legalizar el consumo de mariguana, como se estableció después de sendos referéndums el año pasado en Colorado y Washington, es la solución fácil al enorme fracaso de la 'guerra antidrogas' y su trágico saldo de miles de muertos en México y Colombia, aseguró David Simon, creador, guionista y productor ejecutivo de The Wire, según la critica una de las mejores series dramáticas que se han realizado para la televisión y cuyo tema es, precisamente, la vida en los bajos fondos plagados de enervantes en Baltimore.
 
Contrario al presunto 'éxito' del movimiento procannabis en los 2 estados mencionados, Simon manifestó que "lo último que quiero es racionalizar el final más fácil y benigno de esto. Todo el concepto necesita cambiar y la discusión debe ser reformulada. Quiero que las cosas caigan como un edificio completo; será muy peligroso si se las arreglan para dejar libres a unos cuantos clasemedieros blancos. Lo que harían los políticos es encontrar la forma de que los chicos blancos de los suburbios se droguen sin ir a la cárcel, para que crean que lo que hacen está a un millón de kilómetros de distancia de los chicos negros que usan crack".
 
Con la experiencia y la autoridad que le brindan 12 años de reportero en la fuente policial de The Baltimore Sun, donde empezó su carrera periodística el futuro autor (con Ed Burns) de The corner: a year in the life of an inner-city neighborhood (Broadway, 1997), 'libro notable del año' para The New York Times, Simon, nacido en la gran ciudad portuaria de Maryland en 1960, aseveró que la 'legalización' es un concepto inventado por los promotores de la 'guerra contra el narcotráfico' para ridiculizar a sus opositores. Pero "el punto es ¿cómo salimos de aquí? Yo digo: la despenalización. Como en el caso de otras sustancias controladas, que sean gravadas y reguladas", ya que -diría más tarde- el cambio de enfoque no vendrá de una decisión moralista, sino de "alguien que piense que esto nos está costando demasiado dinero".
 
Observador
 
En el transcurso de un debate organizado por el dominical The Observer el fin de semana en la Real Institución de Londres, Simon, quien alcanzó en 2001 el éxito en la pantalla chica con las 5 temporadas de The Wire, transmitida por HBO (en México la serie se llamó Los Vigilantes), fue más allá y, tras los comentarios favorables a un 'rediseño completo' de la estrategia global por parte de Mauricio Rodríguez, embajador colombiano en Reino Unido, recordó que la Casa Blanca ha sostenido guerras por terceros durante décadas, como la multimillonaria ofensiva antinarcóticos lanzada por Richard Nixon en 1971, que se prolonga hasta nuestros días, por ejemplo, con la Iniciativa Mérida.
 
"Nos da igual si 40,000 mexicanos están muertos en tanto sigan de ese lado de la frontera, hasta convertir al norte de México en un matadero mientras no llegue a Tucson. Si podemos pelear hasta el último mexicano por un Estados Unidos suburbano para mandar a los niños seguros a la prepa, lo haremos", subrayó.
 
Para el autor, criado en el seno de una familia de origen judío de Hungría y del este europeo, que entró al periodismo inspirado en el Watergate y que más tarde diría a Reason que 'una de las cosas tristes del oficio es que actualmente importa muy poco', porque "el mejor periodismo indigna a la gente y la gente cada vez está menos inclinada a indignarse", manifestó al conductor John Mulholland, reseña The Guardian, que la desindustrialización arrasó a urbes como Baltimore, otrora 'cuarto de máquinas' de la súper potencia. La guerra antidrogas, "holocausto en cámara lenta", dispone de los 'estadounidenses sobrantes', que integraron la fuerza laboral y que ya no tienen valor para el capitalismo.
 
La ofensiva, insistió, empezó con la presunción de que las drogas son malas, pero desde la Guerra del Opio contra China en el siglo XIX se ha movido sobre líneas raciales. Se libra contra los pobres, no contra sustancias peligrosas. "No necesitamos a 10 o 11% de nuestra población, que ha sido abandonada. Los estupefacientes son la única industria que resta en lugares como Baltimore y el este de Saint Louis, una industria que emplea a niños y viejos, gente que ha estado metida en las drogas por 20 años. Es la única fábrica que todavía está abierta".