Opinión

El verdadero paraíso

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pobreza

El Banco Mundial ha anunciado que en este año la pobreza extrema en el mundo afectará, por primera vez en la historia humana, a menos de 10 por ciento de la población. En 1981, cuando inicia el proceso de transformación que ayer comentamos, afectaba a 43 por ciento. En los casi 35 años que han transcurrido, los que tanto se critican en el mundo occidental, las personas que viven en la miseria en el mundo han pasado de mil 900 millones a 700 millones. En términos relativos, insisto, nunca en la historia había existido menos pobreza en el planeta.

Pero este fenómeno no está separado de las quejas occidentales. Como veíamos, el paraíso occidental (el Estado de Bienestar) entró en crisis en los años setenta y enfrentó el ajuste de las finanzas públicas, el cambio tecnológico, y la globalización. El resultado es que los excesos de la posguerra tuvieron que moderarse. Así, quienes creían que podrían vivir 20 años con una pensión, a cambio de trabajar 30, se dieron cuenta del poder de la aritmética. Es simplemente imposible. Y los jóvenes que creían que los buenos empleos eran eternos, han visto que nada es para siempre.

Y se quejan, porque añoran ese “paraíso perdido”, y si alguien les ofrece traérselos de vuelta están dispuestos a seguirlo. Ése, decíamos el lunes, es el populismo del siglo XXI en Occidente. Y se nutre de las fallidas ideas que desde Rousseau y Marx insisten en despreciar aquello que les permite tener tiempo para escribir: a la empresa. Nos dicen que la desigualdad se ha incrementado, pero no pueden explicarnos bien por qué. Según Piketty, porque la tasa de ganancia es mayor que la de crecimiento, una especie de refrito de Marx. Pero vea usted: tanto la globalización anterior (de fines del XIX) como la actual, han ido acompañadas de ese proceso de desigualdad, pero también de ese crecimiento acelerado en otras partes del mundo. De 1870 a 1914, no sólo existen los “barones bandidos” en Estados Unidos, es también la época en que varios países se suman al crecimiento. En América, Argentina y Uruguay entran al club de ricos (definido como aquellos que tienen más del doble del ingreso promedio mundial). México se queda a muy poco de lograrlo, cuando llegó la bola y nos alevantó. Pero es también el momento en que Suecia y Noruega se acercan a ese club. Hoy ocurre algo similar: hay mayor desigualdad, porque hay un
mercado global.

Imagine usted que ese líder populista hipotético prometiese a todo el mundo llevarlo de regreso a la posguerra, digamos a 1960. En ese año, 27 por ciento de la población mundial vivía en Europa y Norteamérica, y si me apura, había un 1.0 por ciento adicional que vivía bien en América Latina. Pero el 50 por ciento del mundo vivía en pobreza extrema. Hoy, 15 por ciento vive en Europa y Norteamérica, y 10 por ciento en pobreza extrema. Es decir, ese regreso beneficiaría, cuando mucho, al 15 por ciento del planeta, y dañaría al 35 por ciento. ¿En qué sentido es eso buena idea?

Los últimos 35 años, que los malquerientes califican de “neoliberales”, han visto la mayor reducción de pobreza en la historia de la humanidad, la mayor conectividad y comunicación, la continuación del incremento en el tiempo libre. Y sí, también el fin de un modelo social basado en ilusiones, insostenible por naturaleza. Recuerde que a pesar de lo espectacular de los últimos doscientos años, el ingreso promedio mundial es similar al que tenemos en México, poco menos de mil dólares al mes. En los últimos 35 años, las diferencias entre países se han reducido, pero la referencia no da para que todos los humanos vivan como en París, Nueva York o Londres. Vayamos ahora a América Latina.

El autor de esta columnas es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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