Opinión

El verano y los toros


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Santander

El verano es la época del año en la que mucha gente toma sus vacaciones. En México la actividad taurina también parece tomar un periodo de asueto debido a la baja en el número de festejos, para en septiembre entrar en la época de mayor actividad taurina, debido a las fiestas patrias.

Esto no sucede en otras latitudes. En España el verano es de frenética actividad taurina; los toreros recorren miles de kilómetros a la semana para hacer el paseíllo en las diferentes localidades que celebran al santo en turno con por lo menos una corrida de toros.

Santiago Apóstol, Patrono de Santander, atestigua cómo el bello puerto Cántabro se viste de luces durante una semana, con carteles muy bien rematados con las figuras del momento y las mejores ganaderías. La plaza de toros, implacablemente mantenida, parece que está de estreno, todo recién pintado y reluciente; es el centro de reunión de veraneantes y locales, con aforo para más de 10 mil espectadores.

Asistir a dos festejos de esta feria de 2015 ha sido como un refresco a mi afición taurina. Sin la necesidad de escribir en este espacio si los toros embistieron o no; si lo hicieron con estilo, bravura o genio; y si los matadores que tuve la oportunidad de ver dieron “equis” pase y ligaron tantas tandas, la bocanada de frescura viene por vivir la esencia de la fiesta, que es la emoción y disposición de la gente por pasarlo bien.

Con la seriedad y rigor que una corrida merece, a las 6:30 de la tarde se parte plaza en la arena color marrón del puerto, con un sol que no se quiere poner, para así disfrutar el festejo; con temperatura ideal y por lo general poco viento, los diestros son recibidos con cariño y buena disposición de la gente que abarrota los tendidos de sol y sombra.

Cada plaza tiene personalidad propia, la alegría de los aficionados en Santander es contagiosa, sin andar de chunga están muy pendientes de los detalles de buen toreo y acompañan diversas suertes con su peculiar forma de sentirlo; por ejemplo, durante el tercio de banderillas suenan las notas de una Jota, pero no son interpretadas por la banda oficial, lo que da un aire festivo, alegre y particular a este vistoso tercio.

A los toreros se les ve augustos, no van más que a disfrutar poder torear en el verano hispano dentro de una feria que año tras año consolida su caché.

La gran mayoría del público está ahí para disfrutar y valorar el esfuerzo de los toreros, así como la forma de embestir de los toros. Esto hace que los festejos fluyan con armonía y nos recuerda que cuando hay un hombre delante de un toro es para crear arte y emocionar al público.

Emociones que nos hicieron sentir El Juli y Perera en un tremendo mano a mano de poder a poder, en busca de superarse uno al otro.

Esta tarde se la llevó Perera por estar más fino con los aceros, aunque ambos dieron cátedra de lo que es defender su sitio en el ruedo pese a que ninguno de los toros de la corrida embistió como hubiésemos querido.

Morante y Talavante se estrellaron con lotes imposibles de Parladé y sólo vimos detalles de estos dos inigualables artistas.

Fernando Rey, quien tomó la alternativa el día de Santiago, se llevó el lote de la tarde y en ambos toros estuvo entregado, variado y toreando con calidad. A su primero le pinchó en más de una ocasión, dejando ir la primera oreja de la tarde, no sin antes llevarse tremenda paliza al ejecutar la suerte suprema. Ante su segundo, volvió a repetir color con vistoso toreo de capote, entregado quite y una faena de muleta intensa, corta porque el toro no quiso más; utilizó el descabello y cortó una oreja en una tarde que tuvo la Puerta Grande en su espada.

Pero la tarde de toros no termina con al arrastre del sexto astado; la gente sale andando con garbo y sin prisa, la mayoría para tomar la Calle San Fernando y seguir comentando las incidencias del festejo, en un marco bellísimo de farolas de hierro bajo imponentes árboles y la brisa del mar que entra desde el Paseo Pereda. Incluso hay familias que en esta avenida de ancho y arbolado camellón, están con los niños jugando al toro y viendo pasar a los aficionados que regresan a casa.

Plaza llena; familias completas; respeto y tradición en torno a una historia, a una identidad y a una forma de ser. Defenderemos este derecho a como dé lugar. Prohibido prohibir. La cultura, el arte y las tradiciones hacen fuertes a los pueblos. Los políticos no están para legislar prohibiciones, están para legislar que podamos vivir mejor.

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