Opinión

El cuatro veces
secretario Meade

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A México le preocupa cualquier expresión en cualquier lugar del mundo que introduzca un elemento de racismo, expresó José Antonio Meade. (Alejandro Melández)

Cinco son las noticias positivas de los nombramientos presidenciales de ayer. La primera y más relevante es la designación de José Antonio Meade al frente de la Sedesol. El cuatro veces secretario (Energía, Hacienda, Relaciones Exteriores y Desarrollo Social) se convierte en el individuo con el perfil más completo de todo el gabinete. Meade aparece de facto como un aspirante natural a la candidatura presidencial en 2018 lo que, además, podría ocurrir en un escenario inaudito en México: haciendo converger potencialmente al PRI y al PAN si Andrés Manuel López Obrador termina por aglutinar a toda la izquierda.

La segunda es el relevo generacional. Adiós a la vieja guardia encarnada en los apellidos Chuayffet y Murillo Karam. La designación que Peña hizo de gente de su propia generación es también un refrendo de que el presidente está pensando en el largo plazo, tratando de construir un grupo de perfiles políticos que pueda hablar con los viejos conocidos, sí, pero que también sea capaz de influir en las capas generacionales donde se encuentra el gran bono demográfico. Ruiz Massieu, De la Madrid y Calzada son claros ejemplos de ello.

La tercera es la designación de Aurelio Nuño al frente de la Secretaría de Educación Pública. Prácticamente todo aquel con quien uno habla refiere el arduo trabajo desplegado por Aurelio durante la consecución de las reformas estructurales, particularmente la energética. El trabajo de Nuño fue exhaustivo durante 2013 y 2014. Con toda la pausa del mundo Nuño tejió fino con los grupos parlamentarios y logró los consensos necesarios con PRD y PAN durante el Pacto por México.

La cuarta son el rescate de José Calzada y el ascenso de Enrique de la Madrid. El exgobernador de Querétaro, incomprendido por los votantes queretanos que viraron hacia el PAN en la reciente elección a gobernador, dejó un estado vibrante cuyo PIB crece a una tasa de 5.5 por ciento. De la misma forma, Enrique de la Madrid disparó el otorgamiento de crédito de Bancomext tan pronto comprendió lo que el presidente quería de la banca de desarrollo tras la reforma financiera.

La quinta es la vigencia del grupo político del presidente y la amplitud del espectro de tiempo con el que quiere gobernar. Con los cambios de ayer el presidente parece haber escuchado finalmente más a la sociedad que con muchas de las acciones que había anunciado en días previos. Ahora su gabinete queda fresco, listo para proveer municiones cuando se acerquen las pruebas políticas de 2016 y 2018.

Queda un misterio: por qué no cambió a Gerardo Ruiz Esparza. Eso sí: dos perfiles clave aguardarán una posible secretaría futura, quizá para antes de que termine el sexenio: Emilio Lozoya y Mikel Arriola.

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