Opinión

El vaso medio lleno

 
1
 

 

Luis Videgaray, secretario de Hacienda (Cuartoscuro)

Todo es relativo, dicen por ahí, incluso el desempeño económico.

Podemos ver exactamente las mismas cifras con diferentes enfoques. El optimismo y el pesimismo están en función de las expectativas que se tienen, por eso hay que entender su importancia.

A principios de este año, la Secretaría de Hacienda estimó que el país crecería en 2015 a una tasa de entre 3.2 y 4.2 por ciento. En un entorno económico global complicado, esperar crecer a esas tasas no es menor. Había condiciones en México que le permitirían crecer de esa manera: las reformas ya aprobadas en fase de implementación, finanzas públicas sanas, la recuperación -aunque fuera templada- de Estados Unidos, el encarecimiento de China. Con el pasar de los meses, los pronósticos se fueron ajustando a la baja. El FMI, la Cepal, Banco de México, Hacienda, el sector privado, todos fueron disminuyendo sus pronósticos. Hoy, Hacienda lo sitúa en un rango de 2.0 a 2.8 por ciento y Banxico entre 2.0 y 3.0. El máximo actual es menor que el mínimo estimado inicialmente.

El FMI pronostica en su informe perspectivas de la economía global de octubre que Venezuela decrecerá 10 por ciento este año, Ucrania 9.0, Rusia 3.8 y Brasil 3.0 por ciento. Para México estima un crecimiento de 2.3 por ciento y para Estados Unidos de 2.6. Creceremos más que América Latina, que decrecerá, pero menos que el mundo.

¿Es mucho o es poco? Todo es relativo. Estamos creciendo en un contexto internacional complicado. Está bien porque el país tiene sectores que están teniendo un desempeño extraordinario. En lo que va del año se han producido más de dos millones 800 mil vehículos ligeros y se han vendido aquí más de un millón, un incremento de más de 20 por ciento respecto a 2014. Hace unos días se reinauguró el Palacio de Hierro de Polanco. Ahora tiene 60 mil metros cuadrados de construcción y 28 mil metros cuadrados de mármol. Se invirtieron más de 300 millones de dólares en su remodelación. Para que un empresario invierta esa cantidad de recursos en una tienda departamental, debe de pensar que las cosas van bien, que su proyecto será rentable. Los datos de consumo así lo muestran, en agosto el consumo fue 4.3 por ciento mayor que el del año pasado y de acuerdo a la ANTAD, las ventas a tiendas totales aumentaron casi 10 por ciento respecto al año anterior, más de 7.0 por ciento en términos reales.

El país sigue sorteando momentos volátiles. Gracias a que en el pasado se acumularon suficientes reservas internacionales, hoy el Banco Central tiene una poderosa herramienta para disminuir la volatilidad en el tipo de cambio. La política monetaria responsable de los últimos años permite tener una inflación controlada.

Podríamos crecer más. México ya es importador neto de productos petroleros. Sin embargo, los ingresos del gobierno están profundamente ligados a este concepto. Podríamos beneficiarnos del bajo precio del petróleo, pero nos perjudica por la vía de los ingresos. Seguimos teniendo resultados lamentables en educación. No sólo medidos a través de la prueba PISA, también en la prueba Planea 
–prueba que sustituyó a Enlace y que en teoría corrige errores de la misma– cuyos resultados muestran que la educación en México, pública o privada, y en cualquier nivel, es desastrosa. Para el último año de bachillerato, es decir, justo cuando los estudiantes entrarán a una carrera o al mercado laboral, apenas 12 de cada 100 mostraron dominio de habilidades y comunicación, es decir, sólo 12 comprenden bien lo que leen. Y en matemáticas es peor, sólo seis de cada 100 se encuentran en el nivel esperado para un egresado de bachillerato.

Manejar las expectativas es un tema complejo, pero no imposible. El gobierno tiene herramientas para hacerlo. Ahora que empezamos a ver acciones más serias para mejorar, aunque sea poco, el sistema educativo en México, cambia nuestra visión del país. Es un buen momento para tomar decisiones. Combatamos en serio la corrupción, mejoremos nuestro sistema fiscal y disminuyamos la dependencia petrolera, tomemos en serio la importancia de la educación empezando por la básica.

Las expectativas no cambian solas. Hay muchas cosas qué hacer. Hagámoslas y empezaremos a ver el vaso medio lleno.

Twitter: @ValeriaMoy

También te puede interesar:
La reforma fiscal que no fue
La desigualdad económica de la desigualdad de género
Cuentas claras