Opinión

El uso de agentes químicos es cuestionado por Michael Maloof


 
Hasta qué grado habrá llegado la escalada bélica estadounidense en Siria, para que F. Michael Maloof, uno de los exfuncionarios del Pentágono que propaló la falacia de las “armas de exterminio masivo” en poder de Irak, a fin de justificar la invasión de 2003, ponga ahora en duda las “evidencias” de Washington y Naciones Unidas sobre el uso de gas sarín, tras advertir que la Casa Blanca trabaja a instancias de Arabia Saudita y Qatar para impulsar sus objetivos extremistas en Damasco.
 
En el camino al asalto de Irak, Maloof, por entonces “analista” del Grupo de Evaluación Contraterrorista del Departamento de Defensa, que luego se transformaría en la Oficina de Planes Especiales, bajo el mando de los neoconservadores Paul Wolfowitz y Douglas Feith, números 2 y 3 en la jerarquía civil, difundió con tal éxito los “informes” del arsenal prohibido de Bagdad y su “alianza” con El Kaida, que la mayoría de la prensa norteamericana compró, por presión, conveniencia o ignorancia, hasta que su influencia en George W. Bush, dice Seymour Hersh, rivalizó con la CIA y los servicios militares “como su principal fuente de inteligencia”.
 
Sorprende por eso que en entrevista con Russia Today el sábado (15 de junio), Maloof afirmara que “debemos ser muy escépticos” en torno al pretexto para la intervención del gas sarín que el ejército sirio habría lanzado contra rebeldes, matando a 150 personas. “Estuve en el Pentágono cuando se hicieron las evaluaciones sobre Irak y sus programas de armamento y sabemos cuáles fueron los resultados.
 
Un billón de dólares después, 4,500 vidas norteamericanas y no tenemos nada que enseñar. Como lo han expuesto otros comentaristas, los estudios de inteligencia de Estados Unidos deben ser observados cuidadosamente, lo que va contra las determinaciones preliminares de la ONU”, dijo.
 
Desquite
 
A menos de que Maloof quiera limpiar su nombre o desquitarse de EU por la forma abrupta en que terminó su carrera gubernamental, al quedar separado del Departamento de Defensa en diciembre de 2001 por sus relaciones con el empresario libanés estadounidense Imad El Haje, investigado por tráfico de armas a Liberia y que se habría acercado a Maloof a solicitud de Siria para abrir contactos con el Pentágono —hoy es “reportero” de WorldNetDaily, donde continúa sus manipulaciones, esta vez en apoyo a la banda terrorista Muyajedines del Pueblo de Irán—, resalta que haya enfatizado que “la decisión estadounidense de armar a los rebeldes sirios es muy peligrosa”.
 
Añade: “llevará inevitablemente a una violencia sectaria descontrolada y tendría impacto en la organización del encuentro Ginebra II de paz.
 
Creo que Washington está actuando a instancias de Qatar y de Arabia Saudí con objeto de promover la agenda sunita wahabita en Siria y finalmente en Líbano y esto es muy, muy peligroso”.
 
Maloof puede ser un simple mercenario desprestigiado, como los neoconservadores straussianos que sirvió, pero razón no le falta —y eso lo subraya a RT el historiador Gerald Horne— cuando el anuncio de armar a la guerrilla se produce el mismo día en que clérigos sunitas reunidos en
 
El Cairo convocaron a la yijad contra el presidente Bashar el Assad. Torpemente, ayer se les sumó el mandatario egipcio, Mohamed Morsi, cada vez más dependiente de los petrodólares qataríes para su propia supervivencia. “En lugar de tratar de calmar las cosas, parece que la administración Obama arrojará gasolina al fuego”, agregó Horne.
 
La alianza entre EU y los fanáticos wahabitas cercanos a El Kaida, así, amenaza con incendiar Oriente Medio. Ya veremos en los próximos días sus siguientes pasos, tras el fracaso de Ginebra II y el inicio de la ofensiva de Siria y el Hezbolá contra Aleppo, que puede acelerar el establecimiento de una zona de prohibición de vuelos, que aun limitada, costaría 50 millones de dólares diarios, según The Wall Street Journal.
 
Por supuesto, también habrá que alistarnos a una nueva ola de pretextos a la Maloof, en la que se nos garantizará que los “insurgentes moderados” y no los caníbales de Osama ben Laden, serán quienes recibirán los arsenales sofisticados que han estado implorado para evitar la derrota desde hace dos años.