Opinión

El último samurái

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil oyó los pasos del Mundial de Brasil 2014. No deja de asombrar a Gamés que comentaristas de aquí y de allá sigan con la repasata de que mientras vemos el futbol ocurrirá la venta barata de México. El senador Javier Corral ha llegado al paroxismo. Nuestro senador afirma en su artículo de su periódico El Universal, “Copa del mundo y cronómetro presidencial”, que las transmisiones del Mundial son una treta de Peña Nieto: “Quieren tener a los mexicanos frente al televisor (…) incluso si la selección mexicana resulta eliminada”. Cien millones de mexicanos obligados a ver la televisión, condenados al torneo mundialista, a esto le llama Gamés una tiranía inexorable. Y al que se le sorprenda en fuga de algún juego, aunque sea de Grecia, recibirá un correctivo severo consistente en leer la obra periodística completa del senador de marras (gran cariño por la palabra).

Dice Javier Corral que los noticieros y las portadas de los periódicos mostrarán las mejores jugadas y los mejores goles: “el Mundial será el único balón que ruede en los medios”. Menos mal, cavila Gil, imaginen ustedes que nos presentaran las peores jugadas en un acto neoliberal de maldad sin límites. Según Corral, se repetirá la fórmula de una sociedad hipnotizada por la televisión, “amnésica del deber ciudadano”. Aigoeeei: amnésica del deber ciudadano. Gamés le hace una pregunta al senador: ¿es lo mismo el opio del pueblo que el pueblo del opio? Ande, senador, un esfuerzo, ilumine a la sociedad con el candil de su calle.

Un predicador

Oigan esto y arrodíllense, pecadores: “El gobierno de Peña Nieto y sus cómplices en el Senado lo que quieren es al mexicano disfrutando su ‘mexicana alegría’ o su pesar por las derrotas. En todos lados menos atentos al debate parlamentario que resuelve cosas trascendentes en la vida del país el destino de dos bienes de la nación, el espectro radioeléctrico y los hidrocarburos”. ¿Oyeron prevaricadores?, de rodillas, y a rezar para que no se malbarate a la nación por un plato de lentejas. Oiga, senador, ya en serio, ¿no le da pena ir por el mundo haciéndose el enviado de Dios en la Tierra? ¿No podría usted dejar que las personas vean en santa paz el futbol, y se diviertan, y pasen un buen rato? Ya cansa usted, senador, con la cantaleta del petróleo regalado.

Este senador panista está que se cae de senador de Morena. Como sea, Corral y los suyos pueden salvar al país mientras nosotros vemos los partidos y nos comemos una papiondas. Por cierto, senador, el mundo entero ve la televisión durante el Mundial, menos los talibanes y los coreanos del norte. Gil imagina a Corral ensayando en su casa: un-dos-tres por mí y por todos mis compañeros soberanos en defensa del petróleo. Oigan esto y si no tienen Paxil y Tafil, Games les facilitará un cuartito de pastilla: “El futbol se convierte en una expresión de pasión frente a los temas políticos que los mexicanos ven cada vez más lejanos –precisamente por el ocultamiento y la separación conveniente de la sociedad que hacen los políticos–. La emoción colectiva es la venda que pretende cegar al pueblo”.

Fuimos héroes

Uta. ¿Qué fue eso? Una aburridora marxista. Falta la explicación de la superestructura. Venga, Corral, no se inhiba. Siéntense todos los que estén parados y párense todos los que estén sentados (no empiecen con sus cosas). Si Gilga ha entendido algo, cosa improbable, el futbol es un instrumento mediatizador utilizado por la burguesía para esclavizar a los desposeídos.

¡Sargento Corral!, un paso al frente. Su misión consiste en subir al punto más alto de esa agreste colina y recuperar esa posición para nuestro ejército sin más armas que esta lápida, que puede poner sobre su espalda, y esta bandera con la cual usted ya sabe qué hacer. Adelante y que la nación se lo demande, o como se diga.

La máxima de Albert Einstein espetó dentro del ático de las frases célebres: “El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad”.

Gil s’en va.