Opinión

El trabajo en equipo que desafía las probabilidades y altera la costumbre

 
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Branson.

Cuando los corredores de apuestas británicos publican probabilidades de cinco mil a uno contra la posibilidad de un cierto resultado, lo más seguro es que ese resultado en cuestión no se va a dar.

Hace un año se podía hacer una apuesta con probabilidades similares a que, digamos, Elvis Presley sería encontrado milagrosamente vivo o que el equipo de futbol Leicester City ganaría el campeonato de la Liga Premier inglesa; un hecho igualmente milagroso.

Bueno, los milagros suceden al parecer: aunque Elvis no ha aparecido todavía, a principios de este mes el Leicester City consiguió lo que podría haber sido el triunfo deportivo más asombroso y contra todas las probabilidades de todos los tiempos al ganar el campeonato de la Liga Premier. Y sólo para frotar sal en la herida de los corredores de apuestas, el equipo obtuvo el título con dos partidos por jugar.

Los equipos exitosos corren riesgos, deciden juntos que si una idea que no necesariamente funciona en teoría, podría funcionar en la práctica

Para poner este logro de David contra Goliat en perspectiva, considera el hecho de que reunir al equipo de Leicester costó solo 54 millones de libras esterlinas o unos 78 millones de dólares. ¡El Club de Futbol de Manchester City es conocido por pagar esa suma a un solo jugador!

Pero esto es mucho más que una extraordinaria historia deportiva: es también una historia de negocios increíblemente inspiradora. El éxito del Leicester es un testimonio de los asombrosos logros que pueden alcanzarse cuando un grupo de individuos de mentalidad similar se unen y deciden que sus aspiraciones no van a ser obstaculizadas por la sabiduría popular. Los equipos exitosos corren riesgos, deciden conjuntamente que si una idea no necesariamente funciona en teoría, simplemente podría funcionar en la práctica. Y cuando estos esperados perdedores trabajan juntos y se divierten, pueden darle cien vueltas a los gorilas de 360 kilos que dominan las industrias.

En 1984, cuando una compañía que llevaba el nombre de Virgin Records decidió empezar una aerolínea trasatlántica y enfrentar a Goliats como Pan Am, TWA y British Airways, todos los expertos pensaron que estábamos locos; y quizá lo estábamos. No creo que algún corredor de apuestas hubiera hecho algún pronóstico de nuestras probabilidades de supervivencia, pero cinco mil a uno habría sonado bastante bien. ¿Y cuál habría sido la probabilidad contra el hecho de que Steve Jobs y Steve Wozniak convirtieran un proyecto de computación basado en una cochera en Apple, la compañía más valiosa del mundo? ¿O contra Larry Page y Sergey Brin, dos estudiantes con una idea para un motor de búsqueda llamado Google; o Sara Blakely, quien cortó las piernas de un par de pantimedias y apostó sus 10 mil dólares de ahorros de toda la vida a Spanx, que es ahora una compañía multimillonaria?

Estos quizá sean ejemplos excepcionales, pero en miles de pequeñas startups la fórmula es similar: con poco o ningún financiamiento, cada uno de estos emprendedores creó sus equipos encontrando e involucrando a otros soñadores que aportaron energía y valor al grupo.

Vichai Srivaddhanaprabha, el hombre de negocios tailandés que es dueño del Leicester City, fue considerado loco por muchos comentaristas cuando gastó 39 millones de libras en 2010 para adquirir un equipo de futbol británico mediocre y de segundo nivel. Seis años después, se estima que el valor del club ha aumentado en al menos 10 veces. Pero si el éxito del equipo no puede atribuirse a invertirle dinero, ¿cómo se convirtió en un ganador así?

Una respuesta: el club trató a sus jugadores como personas, no como mercancías costosas. “Dimos nuestro tiempo a la plantilla, a los jugadores y al mánager”, dijo recientemente el hijo de Srivaddhanaprabha, Aiyawatt, vicepresidente del equipo, al periódico The Telegraph. “Tratamos de manejarlo como una familia, escuchar los problemas de cada miembro del personal”.

En un deporte que se ha convertido en un gran negocio y tiende a ser dominado por primas multimillonarias y una compulsión por ganar sin importar el costo, el espíritu de “uno para todos y todos para uno” del Leicester City ha sido un cambio refrescante.

Siempre he creído que poner de cabeza la pirámide corporativa tradicional es el mejor camino hacia el éxito. En vez de enfocarte únicamente en el valor de los accionistas, ve por los intereses de tu gente, mantenlos comprometidos y hazlos sentir apreciados. A su vez, ellos harán un mejor trabajo al atender a tus clientes, y tus accionistas, en la punta del triángulo invertido, también estarán contentos.

Así que felicidades a todos en el Leicester City, desde los miembros del consejo hasta los recogepelotas. Ahora viene la parte difícil: hacerlo de nuevo. En la próxima temporada, las probabilidades serán muy diferentes, pero si se siguen divirtiendo, estoy seguro de que sorprenderán a todos de nuevo.

Un equipo exitoso

Cuando armes un equipo, ten en mente estos consejos:

Corre riesgos: el riesgo y la experimentación son parte del espíritu emprendedor.

No todo gira en torno al dinero: cuida de tu personal y ellos cuidarán de tus clientes, lo cual aportará valor para los accionistas.

Diviértete: un grupo de personas comprometidas que aman lo que hacen conforma un equipo innovador.

Twitter: @richardbranson

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