Opinión

El toreo

  
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Toros

El mundo taurino es especial, se desempeña bajo códigos no escritos de conducta, jerarquías, respeto y apreciación. Desde hace algunos años, este especial entorno viene sufriendo ataques por parte de un grupo de personajes e instituciones cuyo objetivo es terminar con esta cultura, su arte y, lo peor del caso, con el ser más importante y sobre el que gira absolutamente todo este mundo: el toro bravo.

No está claro de dónde provienen los recursos que financian estas campañas millonarias de ataque en contra de la cultura de la tauromaquia; sus argumentos están llenos de mentiras en cuanto a la realidad del mundo del toro, de la crianza de esta maravillosa raza y de la importancia ecológica y genética del campo bravo; acusando un mundo más “civilizado”, intentan prohibir e imponer un criterio absurdo, donde se humanizan los animales.

El taurino, sea profesional o aficionado, es amante de los animales, aunque el toro muera en la plaza. Esto no lo entienden, la muerte está dentro de todos los seres vivos de este planeta, es lo que da certeza a la vida, que todos vamos a morir.

Quizá nos ha faltado exponer qué es el toreo. El toreo no es únicamente la corrida de toros, la cultura de la tauromaquia va mucho más allá de la lidia en una plaza de toros un domingo cualquiera. El toreo es un sentimiento, una forma de ver y vivir la vida bajo códigos de honor, respeto y amor por el toro; no solamente el torero siente en sus entrañas la emoción y el placer de pasarse un animal bravo cerca de su cuerpo (sensación imposible de explicar, nadie lo ha hecho). Es experimentar la unión de dos voluntades en un mismo ritmo, donde el inmenso poder físico del toro se pone a disposición del misterio de su bravura, instinto que da esencia a su ser y lo hace el animal —desde mi punto de vista— más bello sobre la faz de la Tierra. El valor y la inteligencia del torero se enfrentan al poder del toro, teniendo como punto de encuentro la nobleza de ambos al poner su vida de por medio para la generación del arte que da vida y sustento a la tauromaquia.

Nobleza no significa debilidad ni vulnerabilidad, elementos que los antitaurinos intentan otorgar al toro bravo. La nobleza es lealtad con valor, ser fiel a un instinto en el animal y a un sentimiento en el ser humano. Toro y torero son creadores del arte, la emoción del poder y la belleza en las formas, dos cuerpos que se unen en un solo instante, una y otra vez, cada vez distinto, cada vez sublime; son el hilo conductor hacia el espectador, que puede ser aficionado de toda la vida o primer asistente a una plaza de toros, ambos, si la magia del toreo se da en un preciso instante, se pueden emocionar de forma similar en intensidad y sentimiento.

Para que todo este efecto se genere en forma de arte, es necesario que se apliquen con profundo compromiso los valores más simples e importantes del ser humano: el respeto, el sacrificio en busca de un objetivo, la disciplina y la total entrega a una forma de vida. Imagínese usted si estos valores que atesora la cultura de la tauromaquia, todos y cada uno de los ciudadanos de este país, o mejor aún, del mundo, los pusiéramos en práctica: el respeto a los demás; el sacrificio que conlleva la disciplina; entrega y dedicación a nuestras familias y ocupaciones...

La cultura de la tauromaquia es mucho más que la muerte de seis toros una tarde de domingo. La muerte es parte de la vida. La tauromaquia es la representación más real de la vida del hombre en la Tierra y su relación con otras especies. El hombre ha venido a dominar la Tierra, para eso fue provisto de inteligencia (existen excepciones, desde luego); en esta relación con su entorno, el hombre alimenta su espíritu con el arte en sus distintas formas, y el toreo es el único que inspira arte en otras artes.

Dominar no significa destruir, dominar significa controlar, crear, disfrutar y proveer; “pero hay muerte” —exclaman airosos los antitaurinos—, pues sí señores, hay muerte, la muerte es parte de la vida, y en el toro bravo, la muerte sustenta el arte que le da vida a su raza.

Twitter: @rafaelcue

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