Opinión

El TLC que viene

 
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¿Por qué importa el TLCAN?

Cientos de industrias, millones de empleos en ambos lados de la frontera, más de 80 por ciento de las exportaciones mexicanas, un millón de dólares por minuto. De ese tamaño es el reto que México enfrentará cuando la próxima semana comiencen de manera formal las negociaciones para la modernización del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Sin embargo, lo que verdaderamente está en juego es todo lo que está detrás de esos números: las historias y vidas de millones de mexicanos, cuyo empleo o negocio –pequeño, mediano o grande– se puede ver afectado de manera fundamental.

El consenso a nivel nacional sobre nuestra posición, los objetivos, prioridades y condiciones no negociables aún se encuentra en construcción. Si bien el Poder Ejecutivo ha intentado definir intereses y agendas, es importante ampliar el diálogo entre los actores involucrados para encontrar con claridad un lugar desde el cual pueda emerger una posición unitaria que defienda los logros alcanzados y no dar ni un paso atrás.

La historia y evolución del TLCAN son complejas. El tratado ha tenido efectos positivos en los estados del norte y centro del país, pero ha dificultado el progreso y desarrollo en algunos estados del sur. Cuando se negoció, el tratado estableció reglas claras para las industrias que existían en ese momento, pero no para aquellas que durante los próximos años se iban a desarrollar, y que hoy ocupan un lugar fundamental en la economía global (industrias digitales, economía colaborativa y nuevas formas de operación financiera trasnacional). Si realmente queremos aprovechar este nuevo escenario y transformarlo en una oportunidad, debemos detenernos a analizar con profundidad todos los factores que van a determinar las posturas de los tres países, no tomar decisiones precipitadas y hacer una lectura común que nos permita llegar a la mesa de negociación fortalecidos.

Recordemos que México no fue quien solicitó la renegociación del TLCAN, sino que es a petición expresa de Estados Unidos, derivada de la provocación que generó Trump durante su campaña, manipulando a su favor argumentos que no se sustentan en la realidad: el déficit comercial y la pérdida de empleos en Estados Unidos. Por un lado, la participación de México en el déficit comercial de Estados Unidos es mínima. Tan sólo con China tiene un déficit de 347 mil millones de dólares, poco más de cinco veces el registrado con México. En total, 90 por ciento del déficit comercial de Estados Unidos se produce a través del intercambio con países con los que no tiene tratado de libre comercio. Por otro lado, la pérdida de empleos en Estados Unidos no se debe únicamente al traslado de inversiones a territorio mexicano en búsqueda de mano de obra más barata, pero resulta más fácil para los políticos y para una sociedad enojada identificar como culpable a lo ajeno, que aceptar que durante los próximos 15 años cerca de 40 por ciento de los trabajos se perderán debido a la automatización.

La relación con Estados Unidos y Canadá es mucho más compleja que el TLCAN. La interacción con nuestros vecinos del norte incluye cooperación en temas locales, regionales y globales. Sin embargo, el alcance del tratado es tal que su renegociación determinará, en gran medida, el rumbo de nuestras naciones y el futuro de lo que hasta hoy ha sido una de las regiones más dinámicas del mundo.

Nuestra posición negociadora no tiene la presión de responderle a un electorado específico como sí la tiene el presidente Trump y su 56 por ciento de desaprobación –que sigue aumentando. Para la clase política mexicana, la renegociación puede convertirse en una oportunidad única. Es un buen momento para asumir el liderazgo y ser mediadores entre las industrias y los gobiernos extranjeros, dejando muy claro desde el inicio cuáles son las líneas rojas que no vamos a cruzar, tales como lo relativo a los procesos de solución de controversias. Es una buena oportunidad para buscar salarios más elevados, mediante acuerdos mínimos en determinadas industrias o regiones, tomando en cuenta jubilaciones anticipadas, movilidad laboral y otros factores. Es una buena oportunidad para defender lo que tanto nos ha costado construir.

Los comicios electorales que celebrará México el próximo año no deben ser, bajo ninguna circunstancia, un pretexto válido para doblar las manos y llevar a cabo una negociación apresurada, poco coordinada y sin objetivos claros. Tengámoslo claro: la renegociación del Tratado puede implicar la redefinición del papel de México como actor global.

* El autor es senador de la República.

Twitter: @rgilzuarth

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