Opinión

El testimonio de dos mexicanos

Supongo que por alguna inconsciente asociación de ideas, cada vez que oigo hablar sobre actos de corrupción de dirigentes o funcionarios públicos panistas (“moches”, casineros o tren de vida inexplicable de algunos), pienso en Chespirito. Y en don Cruz Vázquez Chico.

Como se sabe, el pasado viernes murió el señor Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, quien tuvo gran éxito en la televisión por ser un inspirado guionista, creativo de altos vuelos y comediante sin par por su blancura y originalidad. Un mexicano de reconocida fama.

Don Cruz Vázquez Chico, oriundo de León, Gto., fue un ameritadísimo panista torreonense. Vivía de su trabajo honrado como zapatero remendón, que desarrollaba en un modesto local del céntrico Mercado Juárez. Residía con su familia en la populosa colonia San Joaquín, al Poniente de la ciudad, en humilde pero muy digna vivienda. En los años más duros del autoritarismo, hoy de regreso, cada vez que había cambio de administración municipal ya sabíamos los dirigentes locales panistas que se nos habría de presentar lo que llamábamos “el problema de don Cruz”.

“El problema de don Cruz”, que por solidaridad todos hacíamos nuestro, consistía en que al relevo de cada administración municipal, los nuevos jefes de mercados, feroces priístas por supuesto, trataban por todos los medios de echarlo del modesto local, por ser militante de Acción Nacional y negarse, naturalmente, a afiliarse al PRI como condición que le exigían para conservar el carácter de locatario. Nunca lo lograron, al menos del todo, pues finalmente lo reubicaron en el Mercado Villa, hoy desaparecido, y de menor clientela.

Como panista, don Cruz Vázquez fue verdaderamente incansable. Siempre estaba dispuesto a llevar a cabo las tareas que el partido le encomendara, en campaña electoral o fuera de campaña. No rehuía trabajo alguno. Pintar bardas, repartir volantes, preparar engrudo, fijar anuncios, cargar equipos de sonido, visitar en campaña ejidos y rancherías, desde muy temprano hasta ya muy tarde los domingos, en todo colaboraba don Cruz con gusto, generosidad y entusiasmo, y sin esperar absolutamente recibir algo a cambio, que a muchos nos hacía pensar que con testimonio como el de él, la causa panista sencillamente no podía ser inviable o inconducente. Como en efecto no lo fue, pero…

De Chespirito vi una entrevista que hace muchos años le hicieron y se transmitió por televisión. En palabras sencillas dio respuesta a preguntas de fondo sobre el sentido de la vida humana, la trascendencia de ésta y la divinidad. Aunque puedo estar equivocado, no creí que sus respuestas fueran resultado de estudios que sobre estos importantes temas hubiera él realizado, sino que llegó a esas convicciones por su sola razón natural y por ser hombre de bien. Lo que luego confirmé cuando leí en un diario capitalino una extensa entrevista que le hicieron cuando la campaña presidencial de Fox.

Sus comentarios sobre el PRI y la cultura priísta, acertadísimos. Ese texto, que hay que localizar para releerlo, no tiene desperdicio. Un aspecto, de los comentados por él, me conmovió. Dijo que nació el mismo año en que se fundó el PRI, en 1929, y que le pedía a Dios no irse de este mundo sin ver el fin de ese partido. Ya me imagino, si a esa conclusión llegó sólo por convicción personal, lo difícil que habrá sido para él, que tenía otra visión de la política en México, convivir con todos los que debía tener trato por su actividad profesional, gente toda esa de insufrible sometimiento al priísmo sólo por mezquino interés.

Por eso, cuando se denuncian corruptelas de panistas, pienso en mexicanos de la talla de Roberto Gómez Bolaños y Cruz Vázquez Chico, uno famoso, el otro un héroe anónimo, y reflexiono que no dieron su valioso testimonio personal para que otros degraden, envilezcan, desprestigien la causa que ellos creyeron noble y buena para México y los mexicanos. Simplemente, no hay derecho.