Opinión

El temor es a la inflación

 
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Banxico

Los anuncios realizados ayer por parte de las autoridades monetaria y fiscal hacen que mucha gente se pregunte si la economía mexicana vive de facto una crisis. El recorte de 132 mil millones de pesos en el gasto público para 2016, y la subida de 50 puntos base en la tasa de interés de Banco de México podrían ser la materia prima para que algunas personas alimenten la idea de que efectivamente se trata de eso, de una crisis.

Pero no hay nada más alejado de la realidad. Tanto el recorte al gasto público como la subida en las tasas son movimientos preventivos frente a un entorno internacional sumamente complicado. El primero obedece a la sólida determinación de Hacienda de no endeudar más las finanzas públicas, ni de elevar los impuestos; mientras el segundo refleja una visión precautoria de Banxico para mitigar el posible traspaso de la depreciación del peso a la inflación.

En el caso de la inflación todo indica que Banxico observó una veloz aceleración reciente de este indicador, y que desea mantener bajo control y a toda costa el objetivo de 3.0 por ciento más/menos un punto.

Si observamos lo ocurrido en las últimas semanas se puede verificar esta circunstancia: al 31 de diciembre pasado la inflación había cerrado en 2.13 por ciento. Dos semanas después los precios al consumidor habían experimentado un rebote importante, y la inflación anualizada a la primera quincena de enero se ubicaba ya en 2.48 por ciento. Banxico argumentó que la razón de esta subida fue la base de comparación contra la primera quincena de enero de 2015, cuando los precios de los servicios de telefonía habían disminuido notablemente. No obstante, la semana pasada el Inegi dio a conocer que dos semanas después, ya contabilizando todo enero, la inflación había repuntado de nueva cuenta, y se había colocado en 2.61 por ciento a tasa anual. Este es un patrón de ascenso que no gusta.

En muchas industrias se escucha insistentemente desde diciembre que se ya agotó la resistencia de las tesorerías y de las áreas de finanzas para evitar trasladar el impacto de los cambios en la paridad cambiaria a los precios de sus productos. Llegó la hora de elevar los precios. Ese es el riesgo que tiene la economía mexicana en este primer semestre, pero es importante insistir que esto no es una crisis, y sería sumamente irresponsable afirmarlo. No obstante, es posible que algunos actores políticos de la oposición así lo quieran hacer ver a la población, sobre todo en este año de muchas elecciones locales.

A nuestro país le están funcionando las vacunas económicas. Es verdad: se depreció el peso y cayó el petróleo; pero aun así estamos creciendo y nuestra credibilidad comercial y financiera es notoria.

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