Opinión

El temor a AMLO y la reforma energética


 
Existe temor entre políticos y funcionarios públicos respecto a lo que puede ocurrir en las calles en caso de que se proponga una reforma al artículo 27 constitucional para permitir la inversión privada en la producción de hidrocarburos.
 
 
El temor no es al PRD o a otros partidos sino básicamente a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), que ha sido el político de izquierda con más capacidad de movilización en los últimos años.
 
 
Desde que salió del PRD y se lanzó a la organización de su partido, 'Morena', no ha estado ya en los reflectores de la política nacional. Sin embargo, ninguno que lo conozca supone que está pensando en su jubilación. No, más bien está a la espera del momento oportuno para volver a encabezar un movimiento con gente en la calle.
 
 
Y, ese no puede ser otro que la oposición a la reforma constitucional para la apertura del sector petrolero. Aunque ese hecho es algo muy diferente a la presunta privatización de Pemex, uno de los motivadores de la movilización es tratar de convertirlas en sinónimo. Y ese objetivo no es casual.
 
 
Múltiples estudios de opinión pública han revelado que hay un alto porcentaje de la población que se opone a la privatización de Pemex y una proporción mucho más baja se opone a que Pemex compita. Y una aún más baja que se opondría a que fuera más eficiente.
 
 
Así que la clave es asimilar cualquier iniciativa que implique apertura con privatización de Pemex.
 
 
El temor a la capacidad de AMLO para poner gente en la calle está en todos los frentes.
 
 
La dirigencia actual del PRD teme que si su excandidato presidencial encabeza la oposición a la reforma energética deje al PRD sin banderas y con una nueva erosión de su base de respaldo.
 
 
El PAN sabe que el gobierno podría actuar en base a criterios políticos y por tanto rasurar la iniciativa que el propio Acción Nacional ya presentó, para frenar posibles movilizaciones, dejándolo vestido y alborotado.
 
 
Y, el gobierno teme que AMLO reviva como actor político y que, al margen de lo que suceda con la reforma energética se convierta en un poder real que intervenga y condicione las acciones del gobierno en otros ámbitos.
 
 
Se sabe también que no es un tema que se pueda resolver con la racionalidadPor más que los funcionarios y líderes políticos expliquen la diferencia entre competencia y privatización, entre el grupo de población que simplemente rechaza disolver el mito petrolero, los argumentos van a estar descalificados antes de que se ofrezcan.
 
 
Entre el PRI y el PAN tienen capacidad para sacar adelante una reforma constitucional como la que planteó Acción Nacional. Sin embargo, en este caso no sólo es cuestión de hacer la suma de los votos en la Cámaras y en los Congresos locales, sino de la perspectiva de mediano plazo.
 
 
Lo crucial para el gobierno, el PRI y el PAN, es que muy pronto encuentren algo que conecte emocionalmente con el grueso de la gente para compensar al menos el nivel de oposición que tendría el rechazo encabezado por López Obrador.
 
 
Estas consideraciones me recuerdan lo que una y otra vez se decía de Luz y Fuerza del CentroDurante varias administraciones se eludió el tema de liquidar a una empresa ineficiente y que era una gigantesca carga para los contribuyentes… por el temor a las movilizaciones y a lo que pudiera ocurrir con la provisión de energía eléctrica.
 
 
Cuando finalmente ocurrió y en el sexenio pasado se operó esa decisión en 2009 no hubo ningún problema severo de abasto ni tampoco hubo miles y miles en la calle.
 
 
Claro, hoy el tema es diferente. Pero los mitos que existen respecto a lo que pueda pasar son sólo eso, mitos. Esperemos que hoy prevalezca la decisión de hacer avanzar al país en lugar del temor de perder votos.
 
 
 
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