Opinión

El tema salarial en el TLC

 
 
 

 

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A ver cómo le hace Ildefonso Guajardo para evadir las presiones de sindicatos y gobiernos de Canadá y Estados Unidos que exigen que las negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio incluyan la protección de los derechos laborales de los obreros mexicanos en la industria manufacturera.

Sindicatos y esos gobiernos están juntos en el tema. El Representante Comercial estadounidense, Robert E. Lighthizer, declaró antier que “nuestro objetivo es tener cláusulas que eleven los salarios en México”. La convergencia salarial en la región también es una de las prioridades del gobierno de Justin Trudeau.

La Unifor canadiense -que agrupa a más de 300 mil trabajadores- atribuye el cierre de 10 plantas en Estados Unidos y cuatro en Canadá, y el aumento de nueve a 17 armadoras en México, a que aquí un trabajador en el sector automotor gana alrededor de 3.95 dólares la hora mientras que en Canadá y Estados Unidos reciben hasta 35 dólares.

Su crítica va contra los 'sindicatos blancos' o sea contra la falta de democracia sindical en México, obviamente contraria a la representatividad de los intereses obreros y de la transparencia en las negociaciones de sus intereses.

En eso tienen razón los canadienses; si usted se pregunta por qué nuestro país tiene uno de los salarios más bajos en Latinoamérica, aunque su productividad laboral es de las más altas de la región, gran parte de la respuesta está en la falta de organización y medios para hacer valer los derechos laborales. No es que la productividad laboral sea tan baja que no soporte mucho mejores remuneraciones.

Ante cualquier iniciativa para mejorar los salarios, el gobierno y organismos empresariales responden que depende del desempeño de la productividad. Los hechos lo contradicen: en 2013, con respecto a 1990, la productividad laboral era 4.5 por ciento superior y el salario mínimo real 30 por ciento menor, y ya se sabe que el mínimo arrastra el salario medio. Si entre esos años productividad y salarios hubieran crecido correlativamente, el salario mínimo real sería hoy superior a 100 pesos diarios.

En otros países de América Latina hay mejor correlación entre salarios mínimos y productividad laboral que en el nuestro. Por ejemplo, los que se pagan en México son similares a los de Bolivia y Nicaragua, aunque la productividad media de nuestro país es cuatro veces mayor; Chile y México tienen una productividad laboral semejante, pero los mínimos allá son el triple que aquí.

El Informe Mundial de Salarios 2012-2013 de la Organización Internacional del Trabajo, igual que los sindicatos y gobiernos con los que se negocia el TLC, enfatiza aspectos políticos sobre los meramente productivos para explicar esas diferencias de nuestro país; dice que “En México, la política de salario mínimo ha sido fuertemente determinada por los esfuerzos para (…) aumentar la competitividad exportadora”.

No la tendrán fácil Ildefonso Guajardo y los organismos empresariales para seguirse negando a poner el tema salarial en la mesa de negociaciones del TLC; ojalá entendiera el gobierno mexicano que de la suficiencia de ingresos de los trabajadores depende darle salida a la pobreza, el fortalecimiento del mercado interno, la reanimación de las inversiones y una vitalmente necesaria mejoraría del ánimo social.
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