Opinión

El Telegrama Zimmermann

14 enero 2014 5:2

  
“Planeamos iniciar una guerra submarina el 1 de febrero. A pesar de ello trataremos de mantener a los EE.UU. neutrales. Si esto fracasa, haremos una propuesta de alianza bélica a México: hacer la guerra juntos, negociar la paz juntos, respaldo financiero, reconocimiento para que México recupere sus territorios de Texas, Nuevo México y Arizona”
 
 
Arthur Zimmermann
 
 
Hace un tiempo leí “The Zimmermann Telegram”, un libro escrito por Barbara W. Tuchman. El libro está basado en un episodio interesante de la historia mundial, que este jueves cumple 97 años de haber ocurrido. En este asunto México tuvo un papel secundario que pudo ser totalmente protagónico y probablemente ventajoso. Se trata de un telegrama enviado por el Ministro de Asuntos Exteriores del Imperio Alemán, Arthur Zimmermann, el 16 de enero de 1917, en plena Primera Guerra Mundial.
 
 
El telegrama describe la posibilidad de una propuesta de Alemania al gobierno mexicano para establecer una alianza militar en contra de los Estados Unidos. Si esta alianza resultaba exitosa, México recibiría a cambio de su participación el territorio de los estados de Texas, Nuevo México y Arizona. México, al contemplar su exigua capacidad militar decidió declinar esta propuesta alemana.
 
La relevancia de este documento es tal que muchos historiadores atribuyen a su existencia la participación de los Estados Unidos en la llamada Gran Guerra. El documento fue interceptado y descifrado por la inteligencia británica.
 
En 1917 la guerra en Europa se encontraba estancada. El Reino Unido sabía que la única fuerza que podría darle una ventaja sería la participación de Estados Unidos, que sin embargo se mantenía muy firme en su neutralidad; dentro de los mismos EE.UU. había muchos partidarios de Alemania, pero ésta es otra historia.
 
 
En este ajedrez global, el Reino Unido jugó sus piezas magistralmente, puesto que logró el ingreso de EE.UU. a la guerra, lo que fue decisivo en la derrota alemana. Este logro tiene un mayor mérito si consideramos que nunca se reveló que la inteligencia británica había descifrado los códigos secretos de guerra alemanes, un tema vital para su sobrevivencia.
 
¿En este complejo juego de estrategia qué ganó México? Nada. Este episodio ilustra nuestra incapacidad histórica de jugar con inteligencia nuestras cartas en el ajedrez internacional de las naciones. Es muy importante dejar en claro que no estoy insinuando que México debió aceptar la oferta alemana porque esto habría sido una locura de consecuencias desastrosas. De lo que hablo es que nuestro país no supo explotar su alianza natural con los Estados Unidos, nótese que hablo de alianza, jamás de subordinación.
 
Pienso que muchos de los problemas que hemos tenido históricamente con nuestro vecino parten de la falta de reconocimiento a nuestra importancia estratégica y de una carencia de racionalidad para jugar nuestras cartas.
 
Hoy la situación no es mucho mejor, México cuenta con una posición geográfica privilegiada, con una economía pujante, vastos recursos naturales y una población joven y dinámica. Sin embargo, la falta de oportunidades obliga a millones a emigrar o peor aun, a delinquir.
 
El libro de Tuchman también nos recuerda la corrupción épica del gobierno revolucionario y la gran osadía de Francisco Villa, quien actuó como un instrumento del gobierno alemán en su vandálico ataque a Columbus. Tuchman retrata al presidente Woodrow Wilson como un iluso al mandar una Expedición Punitiva de 6 mil a 12 mil hombres para atrapar a Villa, y al responder a numerosas agresiones alemanas con simples notas diplomáticas.
 
También, la autora retrata a los alemanes como absolutamente soberbios: tan soberbios que enviaron el telegrama por los mismos canales de comunicación estadounidenses, pensando que jamás serían capaces de interceptar y/o descifrar el documento –finalmente fue la inteligencia británica la que logró esta hazaña, capitalizando con creces la soberbia de sus enemigos. De hecho, los ingleses en secreto se burlaban de sus primos americanos al darse cuenta que el telegrama había pasado por el territorio y los canales de Estados Unidos sin ningún obstáculo.
 
Hoy afortunadamente las guerras globales ya no se pelean con las armas sino a través de la competencia feroz entre empresas. Pero la rivalidad sigue siendo implacable y la naturaleza de los países y los gobiernos en poco ha cambiado.
 
El espionaje es un tema todavía más relevante en esta época de comunicación electrónica absoluta. En los últimos años nos hemos enterado que ningún gobierno o entidad, aliada o enemiga, está a salvo de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos, todo pasa por sus manos. Debemos preguntarnos ¿qué pasa con esta información? ¿Qué ventajas ilegítimas conlleva para el gobierno y las empresas? El vasto tráfico de información de Internet circula por servidores ubicados en EE.UU. lo que implica que nadie esté a salvo de este potencial espionaje, ante ello ¿existe alguna protección posible? Con la capacidad creciente de analizar grandes volúmenes de información estas cuestiones cobran mayor relevancia hoy que en 1917.
 
Casi cien años después, nuestro México aún no es capaz de hacer notar su enorme peso económico, político y demográfico en los asuntos internacionales. Países mucho menos relevantes logran llevar su voz a los centros donde se toman las grandes decisiones globales mientras que México permanece callado y defiende con timidez sus intereses.
 
Hoy vemos como se comercian impunemente a través del Río Bravo miles de armas mortíferas con las que se asesinan a miles de nuestros compatriotas, mientras se nos exige terminar con el comercio de drogas hacia el norte, sin que se realice esfuerzo alguno por abatir el consumo.
 
Desde mi punto de vista, es nuestra obligación pelear por nuestros intereses y por que se reconozca nuestro creciente peso en el mundo. El episodio del Telegrama Zimmerman es sólo un ejemplo de lo poco que hemos sabido aprovechar nuestras circunstancias y fortalezas. Es momento de demostrar nuestro potencial y de proyectarlo internacionalmente: tenemos mucho que aportar. El empuje, la sofisticación y la vitalidad de nuestra juventud me dan esperanzas de que esto cambiará.