Opinión

El talentoso Mr. Slim

¿Vio usted la película “El Talentoso Mr. Ripley”? ¿No le generó admiración el personaje principal encarnado por Matt Damon, con todo y ser el villano de la cinta?

Bien, pues Carlos Slim es sin duda un personaje admirable. Todos quienes lo conocemos, aliados y adversarios, llegamos a la misma conclusión.

Llegar a ser el hombre más rico de México y uno de los tres más ricos del mundo desde hace años, no es –como decimos coloquialmente– “enchílame otra”.

Es creativo, astuto, arriesgado, inteligente, terco, en fin, todas las cualidades que debe tener un gran empresario.

Llegó a donde está después de muchos esfuerzos y no va a dejar que una ley lo quite de en medio.

Slim, como diversos grandes empresarios –no es caso único– no acepta las leyes que no le gustan. Las combate legalmente, pero también las combate políticamente.

Hace ya muchos años, casi desde la era de Zedillo, empezaron las acusaciones por los altos precios y la baja calidad del servicio que ofrecía.

Slim y sus más cercanos siempre argumentaron que la razón principal de que algunos servicios fueran deficientes y de mayor costo, era el bajo poder adquisitivo de la población, que impedía mayores escalas.

¿Quieren mejores servicios de telecomunicación? Desarrollen una política que eleve el poder adquisitivo de los ingresos de la población y verán que tenemos mejores servicios y más bajos precios, así decía.

Con este discurso, desde hace muchos años, se convirtió en fuerte crítico de los gobiernos del PRI y del PAN, y también un hombre cercano al PRD.

Por sistema, él y sus hijos dan aportaciones en campañas a los principales partidos, y se acercan o se alejan de los gobiernos, según convenga.

En su momento, el grupo de Slim se convirtió en cercano a López Obrador y trabajó de la mano con él en el Centro Histórico. Pasó lo mismo en el gobierno de Ebrard, donde se gestó el desarrollo de toda la “zona Carso” en el nuevo Polanco.

Su grupo fue distante del gobierno de Calderón y lo es más aún del de Peña.

Por eso mismo, ha desarrollado una enorme capacidad de operación política en el Congreso, que dejaría como un kindergarden a la presunta “telebancada”.

Ahora, quizá por primera vez en México, en los próximos días puede recibir un revés histórico.

Hizo cuanto pudo para evitarlo –y quizá haga más aún–, pero la reforma constitucional y la nueva ley secundaria, por fin lo limitan y condicionan.

Si de la reforma de telecomunicaciones emerge realmente una competencia en los servicios relevantes, será algo tan trascendente como la reforma energética, porque los insumos de las comunicaciones digitales tienen una importancia creciente en la estructura económica del país.

Es muy relevante que también se consiga incentivar la competencia en la televisión, en todos los segmentos, abierta, de cable, satélite.

Pero, no confundamos. Es un asunto de aritmética: la trascendencia para los consumidores de propiciar la competencia en la telefonía e internet vale 10 veces más.

Una persona tan inteligente y astuta como Slim no va a ver perder su ventaja con los brazos cruzados.

Twitter: @E_Q_