Opinión

El tablero de la reforma fiscal

11 octubre 2013 5:2

 
¿Cuál es la razón por la que la Secretaría de Hacienda aceptó de inmediato una serie de ajustes a la reforma hacendaria que fueron acordados por los partidos políticos?
 
 
Porque la reforma es parte de un complicado ajedrez político. Le explico.
 
 
La prioridad del gobierno es mantener un clima que permita la aprobación, probablemente en noviembre, de la reforma constitucional en materia energética.
 
 
Esa es también la explicación del porqué se llegó a un acuerdo con casi todos los maestros movilizados de la CNTE y porque las generosas pensiones que se propusieron al Sindicato Mexicano de Electricistas.
 
 
La reforma hacendaria estaba concebida desde el principio como una para dar más recursos al Estado pero no como la base de un cambio estructural de la economía mexicana.
 
 
Por esa razón es que son sacrificables algunos de sus rubros.
 
 
Además, siempre queda el recurso de subirle un poco al precio estimado del crudo mexicano para el siguiente año.
 
 
En los trabajos iniciales de la Comisión de Hacienda se plantea un aumento de hasta 5 dólares, para pasarlo de 81 a 86 dólares por barril.
 
 
Esto significa que al menos en el papel, se tendrían 27 mil millones de pesos adicionales a los originalmente previstos.
 
 
Se está negociando para que, aun eliminando un conjunto de temas muy polémicos de la reforma, queden los fundamentales, y además, al final de cuentas, se tenga un volumen de ingresos adicionales parecido al originalmente captado.
 
 
En otras palabras, la intención es que al llegar el 20 de octubre, se pueda decir que hubo una reforma fiscal que en lo fundamental resultó aceptable para los partidos o al menos que no generó un nivel de rechazo tal que descompuso el ambiente político.
 
 
El objetivo es que en paralelo siga caminando la reforma política y que en el curso de noviembre pueda procesarse la reforma constitucional en materia de energía.
 
 
La desactivación de las movilizaciones de la CNTE (aunque sigan unos cuantos trastornando a la ciudad de México) y del SME, tiene como propósito garantizar que cuando se apruebe la reforma constitucional en materia energética, López Obrador no cuente con el apoyo que le representaban esos grupos.
 
 
La imagen de que toda la izquierda va a marchar con AMLO en contra de la reforma es sólo eso, imagen. Una parte del PRD va a pintar su raya respecto a él, aunque esté en contra de los cambios constitucionales.
 
 
Adicionalmente, el Ing. Cárdenas va a subrayar lo que ha dicho en diversos foros, en el sentido de que quiere un referéndum cuando la herramienta legal ya esté lista.
 
 
En corto, a los más cercanos, Cárdenas ha dicho que la movilización en las calles no lleva a ningún lado.
 
 
Una parte adicional de todo este ajedrez tiene que ver con la política partidista.
 
 
En el caso del PRD, “los chuchos” están acomodando las piezas para asegurar las condiciones del triunfo de Carlos Navarrete en la contienda por la presidencia del PRD.
 
 
Y, si en el caso del PAN, Gustavo Madero se logra fortalecer internamente al plantear que el activismo del PAN fue determinante en los ajustes que tuvo la reforma, también aumentará su posibilidad de repetir en la dirigencia del blanquiazul.
 
 
En otras palabras, lo que hemos estado viendo en las últimas semanas es lo que algún técnico denominaría como una estrategia de optimización con muchas restricciones.
 
 
Se trata de sacar la mejor reforma energética posible, pero también la mejor reforma hacendaria aceptable y lograr al mismo tiempo aumentar las posibilidades de supervivencia del Pacto.
 
 
Estos complejos movimientos en el tablero no va a dejar contento casi a nadie, pero sin duda es una muestra del pragmatismo político que hasta ahora ha resultado efectivo a este gobierno.
 
 
Veremos si lo sigue siendo en los cruciales días que vienen por delante.
 
 
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