Opinión

El subsecretario

 
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PVEM.

Gil lee sus periódicos y encuentra oquedades. Una de ellas, de las grandes y profundas, apareció en la primera plana de su periódico El Universal. Se trata de una entrevista a toda plana con Arturo Escobar, el flamante subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana.

Este año, el Programa Nacional de Prevención del Delito cuenta con un presupuesto de dos mil 66 millones de pesos. Gil dio un reparo de caballo loco. Incomprensible que el presidente Peña haya puesto en manos de uno de los políticos más dudosos, por decir lo menos, el manejo de tanto dinero y tantas adjudicaciones y los contactos con tantos estados de la República.

Cómo nos arreglamos
Gilga no quiere ni imaginar los arreglos del subsecretario. Escobar ocupa probablemente uno de los primeros lugares en la tabla del desprestigio mexicano. Y miren que algunos personajes le pelearían el primer lugar. Su partido, el Verde inmundo, hizo una campaña soportada en la mentira, la transa, la ilegalidad, y de pronto uno de ellos maneja el dinero de la prevención del delito. Muy bonito. Dice Escobar: “Mi objetivo es utilizar mis capacidades de gestión con gobernadores, presidentes municipales y secretarios de Estado”. Un grito se oyó en el amplísimo estudio: ¡Huele a gaaas! ¡Abran puertas y ventanas! ¿Cómo está usted, señor alcalde? ¿Por qué no charlamos sobre los recursos utilizados para combatir el delito? Ejem, ejem. Cof, cof.

Desde luego, Arturo Escobar está en contra de la despenalización de la mariguana: “es mucho peor la liberación que la contención”. ¿Cuántos muertos ha costado la contención, cuántos presos que no son traficantes? ¿Cuántos muertos ha costado la liberación? Ninguno. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: aquí hay complejidades. ¿Cuántos churros se habrá fumado Escobar en su vida? Cero. En la discoteca de donde lo recogieron para que formara parte del Partido Verde, el subsecretario bebía una Media de Seda. Otra cosa y otro caso lo ocupa el joven González, que tiene tipo de meterse hasta el polvo de los libreros. Sigan dándole a Arthur Escobar cargos en los cuales maneje dinero. No dejen.

Hierba loca
Gamés lo leyó en su periódico La Razón. El proyecto del ministro Zaldívar de inmediato ha ganado adeptos y adversarios. Uno de los adversarios, Manuel Mondragón dice: “no quiero que ninguno termine adicto. No nos quiero ni los quiero adictos a la mariguana, ni quiero una sociedad adicta a la mariguana”. Mondragón es el comisionado nacional contra las adicciones y agregó que enviará a la Suprema Corte de Justicia una carta cuyo título estremecería a cualquiera: “Mi verdad”.

Tranquilo, comisionado, no se ponga nervioso, usted no quiere adictos, pero, de nuevo, ¿cuántos muertos admite su postura, cincuenta, cien mil?

Por su parte, Luis de la Barreda ha dicho esto: “mientras no dañe a terceros, una persona tiene todo el derecho de conducir sus actos y manejar su propia vida como lo decida y asumir el riesgo. Por ejemplo, el alpinismo es un deporte de alto riesgo. Muchos alpinistas, sobre todo si escalan cumbres o montañas nevadas, pueden sufrir mutilaciones por el frío; sin embargo, no se les puede prohibir esa actividad pues a nadie dañan con su deporte, salvo quizás a sí mismos”.

Gil pretende promover el día del churro libre y nacional. Todo aquel al que le dé su regalada gana podría fumarse un cigarro de mariguana en público. ¿Cómo la ven? Sin albur. De la Barreda ha recordado que del proyecto del ministro Zaldívar quedaron excluidos los actos de comercio, la distribución, enajenación y transferencia. Quienes solicitaron el amparo no pidieron permiso para la venta, ese amparo se refiere al autoconsumo. Todos tranquilos, nada pasa.

Mi amigo Norberto
Liópez obtuvo permiso para que el Papa Bergoglio lo atendiera gracias a la intervención de Norberto Rivera. Liópez y Norberto se llevan muy bien desde hace años, cuando Liópez le otorgó al Arzobispo Primado de México toda clase de facilidades para obtener predios en la ciudad. Muy bonito. Y luego le dicen a Gilga que a cada rato arremete contra Liópez.

Dirán literalmente la misa, pero Liópez es un conservador disfrazado de hombre de izquierda. Háganle el favor a Gil: Voy a llevarle la medallita al sumo Pontífice (sin albur), pues al final el pueblo de México es católico. Qué vergüenza. El corazón simple de Gamés pregunta al viento: a quienes lo siguen, ¿no les da vergüenza?, ¿de verdad?

La máxima de Mark Twain espetó dentro del ático de las frases célebres: “El hombre es un experimento; el tiempo demostrará si valía la pena”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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