Opinión

El sube y baja de la economía

 
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Walmart

Cada semana que se difunden indicadores sobre la situación actual y prospectiva de la economía en el corto plazo, tanto oficiales (Inegi, Banxico, Hacienda) como privados (ventas en tiendas de ANTAD o de automóviles de AMIA), la confusión sobre cómo vamos y qué esperar va en aumento. Su interpretación se complica si se explora la diversidad de cifras publicadas: series e índices originales y desestacionalizados; cifras mensuales y acumuladas; variaciones absolutas y relativas; crecimientos anuales y con respecto al mes inmediato anterior; información 'dura' y de percepciones; cifras anualizadas 'a la mexicana' y a 'la americana'; etcétera.

Para muestra, lo publicado la semana anterior. Sin que sean exhaustivos y/o concluyentes los indicadores, por el lado negativo destacó la contracción de la confianza del consumidor, que a junio cayó 1.8 por ciento a tasa anual desestacionalizada y en la que los indicadores de la situación actual y esperada de la economía se deterioraron, pero mejoró la percepción acerca de las posibilidades de adquirir bienes de consumo duradero (4.6 vs. 6.5 por ciento en los últimos 12 meses); aunque en abril el consumo privado se incrementó 1.2 por ciento fue el crecimiento más bajo en 22 meses, con el agravante que el aumento se debió sólo a la evolución de los servicios, ya que disminuyó el consumo de bienes; al cuarto mes del año, la inversión continuó en el suelo (se redujo 2.1 por ciento, 3.8 por ciento en maquinaria y equipo y 1.8 por ciento en construcción); aunque la inflación al consumidor sigue bajo control (2.54 por ciento en junio), la del productor alcanzó 5.62 por ciento, lo que acentúo los temores –y las declaraciones de representantes del sector privado– de que ésta ya está absorbiendo el impacto de la devaluación del tipo de cambio y se empieza a trasladar a los precios finales al consumidor. Foco rojo.

En contraste, información positiva: a junio, el empleo según el IMSS creció 3.7 por ciento a tasa anual con lo que los asegurados alcanzaron más de dos millones y 94 por ciento fueron permanentes; en mayo el crédito al consumo aumentó casi 10 por ciento anual y las remesas provenientes del exterior crecen a una tasa de dos dígitos (13 por ciento en el mes pasado).

Y en esta semana la ANTAD informó (lunes) que sus ventas parece que recuperan su dinámica de crecimiento, al incrementarse 2.7 por ciento real en junio, en comparación con casi cero en mayo, aunque por debajo del promedio de 7.3 por ciento en los primeros cinco meses de 2016. La mala noticia: según reportó el Inegi (martes), en mayo la producción industrial sólo aumentó 0.4 por ciento con respecto al mismo mes de 2015 y 0.3 por ciento en relación con el mes anterior, ambas cifras desestacionalizadas.

En ese marco, la minería (petróleo) sigue en picada (al contraerse 4.5 por ciento a tasa anual), la generación de electricidad, gas y agua continúan en expansión (6.3 por ciento), la construcción parece que se recupera (3.2 por ciento) y las manufacturas, el componente más importante de industria, continúan estancadas (0.4 por ciento). Ello confirma que la economía ha crecido y seguirá creciendo por el consumo interno, hasta que se reduzcan los factores que lo han impulsado como la recuperación de la masa salarial, las remesas, el crédito y las expectativas de mediano plazo.

Toda esa información se ve aderezada por la proveniente del entorno internacional: volatilidad del tipo de cambio, que más bien es depreciación constante; incremento de las tasas de interés internas, que podrían recibir un nuevo impulso de la Reserva Federal de Estados Unidos; desaceleración económica mundial por el Brexit; problemas bancarios en Italia; crecimiento de China cada vez más débil, con todo y precios de los commodities a la baja; y, la cereza del pastel, el incremento de las probabilidades de que Trump gane las elecciones en Estados Unidos.

No queda más remedio que continuar dándole seguimiento a los indicadores, seleccionando los buenos y desechando los menos confiables, tratar de interpretarlos lo mejor posible y tener cuidado con los sesgos de quienes tienen claros intereses al comunicarlos (autoridades, instituciones financieras, etcétera).

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