Opinión

El socavón de Pandora

 
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Socavón

La fotografía del secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, mirando aletargado de pie el socavón del Paso Express en Cuernavaca, recordó aquella otra en la que la entonces procuradora General de la República, Arely Gómez (hoy titular de la Secretaría de la Función Pública, donde sustituyó al inolvidable Virgilio), en cuclillas y con la mirada perdida, observaba el hoyo de salida del túnel por el cual se había escapado del penal del Altiplano el narcotraficante Joaquín El Chapo Guzmán.

La imagen de la funcionaria abatida era principalmente la metáfora gráfica de incompetencia de un gobierno que, pese a contar con todos los recursos y toda la fuerza del Estado, no había podido doblegar a un solo hombre que, por si fuera poco, se les fugaba por segunda vez, haciéndolos quedar en ridículo.

La imagen del funcionario incrédulo ante el enorme agujero, al fondo del cual yacía un auto con dos hombres -padre e hijo- muertos ya, con su chalequito rojo -color con el cual se identifican ahora los priistas durante actos proselitistas- es la metáfora de la corrupción que ha caracterizado a la administración del presidente Enrique Peña Nieto, a quien en mala hora le preguntaron -en proyección nacional-, cuando era candidato a la presidencia, quiénes eran los gobernadores que representaban al nuevo PRI, a esa nueva generación de políticos que iban a lavarle la cara al septuagenario partido.

Todos los que mencionó resultaron ser una pandilla de ladrones y los que no están en la cárcel en este momento, como Javier Duarte, de Veracruz, y Roberto Borge, de Quintana Roo, están prófugos, como César Duarte, de Chihuahua; o están siendo investigados, como Rodrigo Medina, de Nuevo León.

Ineptitud y corrupción han sido dos de las patas sobre las que ha descansado el sexenio peñista, porque la tercera del tripié es la impunidad, que campea, crece y se multiplica por todo el país.

El socavón de la supervía ha provocado tanta indignación en la ciudadanía, no tanto por el desperfecto en sí mismo -esas cosas ocurren con cierta frecuencia-; tampoco porque provocó dos muertos y la terrible tragedia en una familia, sino porque al ocurrir a tan sólo tres meses de haber sido inaugurada la obra a un alto costo de dos mil 200 millones de pesos, se partió, convirtiendo esa fatal oquedad en una caja de Pandora que parece enseñar las entrañas podridas de la obra pública realizada en los últimos cuatro años y medio.

Habría que ver cuántas nuevas, estratosféricas e inconfesables fortunas han surgido gracias al pomposo Programa Nacional de Infraestructura, y cuántas más que nacieron de la misma manera en el Estado de México, hace unos cuantos años, se siguieron acrecentando escandalosamente en la actual administración federal.

Baste señalar un dato para comenzar a entender cómo funciona el sistema: en entrevista telefónica, Carlos Loret de Mola le pregunta a Ruiz Esparza al otro día del siniestro: “A su delegado José Luis Alarcón Ezeta lo pasan de ser director de Harmon Hall, que se dedica a dar clases de inglés, a ser delegado de la SCT (Secretaría de Comunicaciones y Transportes), con obras de esta naturaleza. ¿Me puede usted explicar por qué nombró a estos dos individuos como delegados en Morelos?” (al primero lo metieron a la cárcel, aunque luego fue exonerado).

A esto, el titular de la SCT respondió con mucha seguridad: “Con gusto. Y me llama la atención el punto de vista del gobierno local; los dos fueron propuestos, insistentemente y al nivel más alto, por parte del gobernador del estado y del gobierno local, por eso estuvieron ahí, por la gestión del propio gobierno”.

El periodista le reviró: “Ayer le pregunté a Graco Ramírez (gobernador perredista de Morelos) sobre el tema y me dijo: “No, pues esos los nombra la SCT”.

Así es como se comienzan a tejer las complicidades: pidiendo favores, haciendo favores, nombrando a recomendados en altos cargos, aunque no tengan el conocimiento para ello. Con toda la mugre que sigue saliendo de ese lamentable hoyo, con confesiones como ésta, va en camino de convertirse en el socavón de Pandora, como colofón de lo que ha sido el gobierno de Peña Nieto: ineptitud, corrupción e impunidad.

Correo: garmenta@elfinanciero.com.mx

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