Opinión

El sismo y los ‘cisnes negros’

 
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Enrique Quintana se refería ayer en estas páginas a los sismos, del tipo que nuestro país sufrió en los últimos días, como ‘cisnes negros’, eventos altamente improbables, pero que ocurren; y efectivamente, se trata de ‘cisnes negros’ pero diferentes a los ‘cisnes negros’ tradicionales que planteaba Nassim Nicholas Taleb, cuando se refería a la falacia del suceso raro en el libro titulado: ¿Existe la suerte?

En el libro el autor señala que debido a su naturaleza el suceso raro puede tener muchas formas y menciona que se detectó primero en México, donde existía un problema que muchos denominaban el problema del peso y que se manifestaba en la dificultad que los econometristas enfrentaban para modelar algunos indicadores, como la oferta monetaria o la tasa de interés, que pasaban de periodos de estabilidad a breves explosiones de turbulencia sin ninguna advertencia.

El libro, cuya primera versión en inglés fue publicada en 2004, menciona que las ‘cosas no han mejorado desde principios de la década de 1980... Los largos periodos de estabilidad atrajeron a oleadas de operadores bancarios de divisas y de operadores de fondos de coberturas a las mansas aguas del peso mexicano; querían poseer la divisa debido a las altas tasas de interés que predominaban. Y, entonces, revientan <>, pierden el dinero los inversores, pierden su trabajo y cambian de carrera. Entonces surge un nuevo periodo de estabilidad. Llegan nuevos operadores de divisas que no tienen memoria alguna del pésimo acontecimiento. Se sienten atraídos por el peso mexicano y la historia se repite’.

Es aquí donde pienso que los sismos que hemos vivido en la CDMX son ‘cisnes negros’ diferentes a los tradicionales, porque no se olvidan y se aprende en el camino; después del 85 cambió la regulación, cambiaron los sistemas de construcción, se modificaron los protocolos de respuesta ante emergencias, mejoró la coordinación interinstitucional y entre órdenes de gobierno y se realizan, cada vez con mayor conciencia, simulacros para estar preparados para un movimiento telúrico. En el 85 también tomamos conciencia de la importancia de la solidaridad, de la grandeza de nuestra sociedad y de la necesidad de prevenir.

Recuerdo, además de los simulacros, que después de un fuerte temblor que se registró en la CDMX hace algunos años, los compañeros que trabajaban en las oficinas de Patriotismo del Inegi y, particularmente, Rocío Ruiz, entonces vicepresidenta de la Junta de Gobierno, que habían vivido los sismos del 85, insistieron en mejorar la seguridad del inmueble.

Se realizó el peritaje y se atendieron las recomendaciones del dictamen de seguridad estructural, que consistió principalmente en la disminución de cargas puntuales al inmueble, a través del retiro de elementos prefabricados de la fachada y su sustitución por material ligero, logrando una reducción de poco más de 600 toneladas en el peso del edificio.

Seguramente las compañeras y compañeros del Inegi la pasaron muy mal durante el sismo, como el resto de los que estaban en la CDMX, pero por lo menos, por la memoria de los que ya habían vivido el ‘cisne negro’ del 85, se habían mejorado las condiciones de seguridad del edificio. Mucho habrá que aprender de este nuevo ‘cisne negro’. 

* El autor es profesor asociado del CIDE.

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