Opinión

El síndrome del ratón
en las microempresas

 
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panadería

Las microempresas mexicanas representan en términos gruesos el 97.5 por ciento del total de unidades económicas en el país. Son las grandes 'autoempleadoras' y difícilmente sobrepasan los cinco trabajos por empresa. Son en su gran mayoría empresas de emergencia, que nacieron como alternativas urgentes ante contextos de desempleo o subempleo. Son frecuentemente empresas familiares en las que miembros de una misma familia participan en su funcionamiento. Son empresas destinadas a que la familia no 'muera de hambre'.

Es muy ocasional apreciar tendencias de rigor estratégico en esas empresas y es casi nula la incorporación de tecnología, a la que conciben distante, cara e incomprensible. Son empresas que tienen en su inmensa mayoría una característica: la mentalidad del 'empresario' que encabeza el negocio es tan pequeño como el cerebro del ratón.

Es una unidad económica en la que usted puede preguntar al 'jefe' si ha pensado en la exportación y encuentra como respuesta una sonrisa que parece indicarle en silencio: "no se burle usted de mi".

De las microempresas es posible encontrar joyas de la corona, piedras maravillosas que aún sin pulir destacan el enorme potencial que tienen para crecer y convertirse en empresas pequeñas e incluso medianas. Son empresas que con poco pudieran ser generosamente exitosas.

Pero para que estas empresas progresen necesitan casi de un milagro: que quien inició el negocio y que quienes lo siguen participen de ese apetito por mejorar, por progresar y por abordar nuevas dimensiones de su ejercicio empresarial.

Acabo recién de ir a un viaje relámpago al puerto de Acapulco. En Punta Diamante me fue recomendada una nieve que, me advertían, carecía de progenitora. Más o menos a la hora que me comentaron que llegaría la prueba de su entusiasmo, apareció una cuatrimoto y una jovencita sobre ella conduciendo y a grito pelón ofreciendo sus nieves y destacadamente la de coco.

Le aseguro que difícilmente encontraré una nieve o helado de coco tan delicioso como el que pude probar gracias a esta microempresa encabezada por Don Leo y sus dos hijas que se turnan para llevar el producto en sus dos cuatrimotos. El padre y sus dos hijas venden sus productos mientras la esposa de Leo se queda preparando la producción del día siguiente.

Desde luego que no tienen marca, por supuesto que ni siquiera lo han pensado y cuando les pregunté respecto a si pensaban estandarizar la producción, tener una marca y posiblemente exportar sus nieves, me contestó con un siempre breve y contundente pero amistoso: qué pasó Don... no se manche...

Y ese es el problema. El problema que tienen la inmensa mayoría de las microempresas es que aún contando con un excelente producto no se la creen y no tienen nada más que vender su producción del día como meta en su futuro. No van a crecer porque no quieren hacerlo. El tamaño de su mercado es del tamaño de su cerebro.

Si alguien pretendiera que esta empresa diera el salto hacia niveles más profundos de ejercicio empresarial el primer problema con el que se toparía sería romper con las barreras que los microempresarios se han autoimpuesto. La más importante sería: nosotros ejercemos esta alternativa para sobrevivir. Piensan como muchos albañiles. Van por 'la raya' o el ingreso del día pero no piensan en un día después o en la semana que viene.

Como obtener agua de las piedras. Convertir a estos mexicanos en empresarios será verdaderamente imposible. Les falta educación y superar los complejos que se les han ido acumulando en el transcurso del tiempo. Son guerreros para el día de hoy y para el de mañana pero no hay pasado mañana en su escenario.

Correo: etj@universopyme.com.mx

Twitter: @ETORREBLANCAJ

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