Opinión

El síndrome del asistente 'inutilus brutus'

 
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No todos en el mundo directivo gozan del soporte de un asistente. La teoría indica que lo deben tener aquellos ejecutivos cuyo tramo de control y suma de tareas hacen difícil o imposible que pueda sacar adelante por sí solo todo lo que la organización espera y necesita en determinado tiempo.

Cuando un asistente aparece en escena y se acopla bien al personalísimo estilo de su director, no sólo debe descargarlo de las más posibles tareas de bajo valor, sino que debe enfocarse en ayudarlo a acelerar la resolución de actividades sustantivas, con intervenciones proactivas y mucho seguimiento oportuno.

El mundo ejecutivo, sin embargo, no deja de gozar de la presencia de un conjunto de asistentes a los que me permito denominar 'inutilus brutus'. Aquí tres características comunes de esa categoría:

1. Hay que estarle recordando las tareas encargadas.- Sea por memoria corta o por impericia para registrar prioridades, si un asistente necesita que el jefe le recuerde constantemente lo que debe hacer o resolver, clasifica en esta denominación.

2. Ante la más mínima complejidad, se bloquean.- El infinito mundo de las tareas que puede tener a su cargo un asistente ejecutivo requiere de un aprendizaje continuo y mucha capacidad para asimilar detalles procesales. Si ante determinada complejidad o incertidumbre, el asistente se detiene o bloquea, ¡atención!

3. El mundo conspira para que él o ella no pueda tener los asuntos a tiempo.- Si no es el clima, es el departamento de junto, es la computadora que falló o el sistema que se trabó. Ni se diga el pariente que regularmente enferma. El hecho es que hay asistentes que siempre tienen una explicación creativa para los asuntos inconclusos.

En cada empresa es discutible y revisable el rol que un asistente debe tener y los límites a su actuar, por muy proactivo que resulte. Lo preocupante es que en las organizaciones suele haber más problemas por pasividad e impericia, que por proactividad y extralimitación de funciones. No es casual que cuando el puesto se ve superado por el talento de un asistente, más temprano que tarde o migra de puesto a una oportunidad mayor o migra de empresa con alguien que haya advertido tal capacidad.

En todo caso, se tiene un asistente para potenciar la actividad directiva, no para entorpecerla o detenerla. Un asistente debe ser equipo, no equipaje. De no ser así, tal vez el síndrome que se enfrenta es “inutilus directivus”.

Y TERMINO MI CICLO EN GEOLOGIX EXPLORATION
Lejos se ve aquél 17 de diciembre de 2010 cuando firmé mi consentimiento para servir como miembro del consejo directivo de la empresa de exploración minera basada en Canadá, Geologix Explorations, Inc. (TSX-V: GIX).

Conformado por George L. Brack, Randy V.J. Smallwood, Graham C. Thody, Dunham Craig y el que escribe, ese consejo ha navegado con astucia en tiempos retadores para el mundo de la exploración minera en México y el mundo, manteniendo en perfecto estado legal Tepal, su proyecto emblemático de oro y cobre ubicado en Tepalcatelepec, Michoacán.

El próximo 16 de septiembre, Geologix celebrará en Vancouver su Asamblea Anual de Accionistas. Será la primera a cargo del nuevo CEO Kiran Patankar. Después de cinco años y nueve meses de interacciones retadoras y momentos de aprendizaje y aportación intensivos, concluí recientemente que mi ciclo en GIX terminó. Como consecuencia, decidí no postularme para la reelección como director en la asamblea citada.

Sirvan estas líneas para agradecer las atenciones que cada colaborador de GIX, pasado y presente, tuvo para conmigo. Tras esa ilustrativa etapa de mi vida empresarial con Canadá, no tengo más que agradecimiento por la oportunidad y los mejores deseos para la empresa, su personal y sus accionistas.

El autor es empresario y conferencista internacional.

Twitter: @mcandianigalaz

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