Opinión

El "simio" que nos desnuda

Tengo una amiga que este verano decidió recurrir a la inseminación artificial para convertirse en madre. Al consultar bancos de esperma descubrió que tiene, al menos, de dos sopas. Según tarifas de una empresa dedicada a ese negocio, si paga 10 mil pesos puede intentar embarazarse de un extranjero. En cambio, por la mitad de precio tiene a su alcance espermatozoides nacionales.

Según la ley del mercado si el esperma extranjero cuesta más es porque, en nuestro país, vale más. Dicho en otras palabras, como demostró palmariamente el experimento con niños mexicanos y muñecos, desde muy chicos creemos que un güerito es mejor (más bonito, menos peligroso, etcétera, https://www.youtube.com/watch?v=6rE9u8Zlu2c) que un moreno. No todos los extranjeros son güeritos, pero esa es otra cosa.

En redes sociales y espacios mediáticos se ha desatado una tormenta porque una persona de Querétaro hizo un comentario racista. Ese ciudadano, que además es exfuncionario y milita en el PAN, llamó en su página de Facebook “simio” a un famoso jugador de futbol. La catarsis desatada dejará ganancia a algunos, pero no necesariamente lecciones para todos.

No defiendo al “racista”. Su tontería podría servir para iniciar un debate social sobre nuestros racismos, clasismos y aberraciones afines, pero no es lo que veo; más bien lo que se aprecia es un linchamiento propio de una turba.

Dado que estamos ante un exabrupto (RAE: salida de tono, como dicho o ademán inconveniente e inesperado, manifestado con viveza), pues no se ha demostrado que ese señor tenga el hábito (RAE: modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes…) del racismo, e incluso ya ofreció disculpas, el multitudinario rasgamiento de vestiduras habla más de nuestra doble moral que de la pobreza mental del autor del comentario de marras.

Si es cierto que el titular de Conapred ha decidido abrir un expediente contra el señor Carlos Treviño, lo correcto sería que nos incluyera en el mismo a todos.

Porque hay en el ambiente demasiada hipocresía. Comencemos por el futbol: nuestros niños y jóvenes aprenden que está a toda madre gritar “puto” al portero de los contrincantes, pero nunca simio a algún jugador de raza negra (¡?); que es intolerable lo que se hizo a Ronaldinho pero totalmente aceptable que los clubes violen los derechos laborales de los jugadores.

El expediente de Conapred debería informar que en el país que a la menor provocación recurre al “pinche indio”, al “naco venido a más”, al “mijita cásate bien”, a “la prole”, al “de cuáles Aranguren eres tú”, donde son religión las mamarrachadas de las “casas reales”, hay un escándalo porque –¡oh Dios!– alguien profirió un insulto racista.

Y que los mismos medios que exhiben la intolerancia de Carlos Treviño, editan exitosos suplementos donde despliegan actos de caridad nacidos estrictamente para el lucimiento de sus protagonistas, abundantes páginas en las que, como nos recordó Mario Arriagada en Nexos, se perpetúa la bonita costumbre de exaltar a los que no son morenos (http://www.nexos.com.mx/?p=15432).

El simiogate no es expiación, es evasión. Escándalo debería ser la realidad de que no haya una sola mujer de gobernadora, que Manuel Velasco gaste en publicidad y no en hospitales para indígenas (si se mueren al cabo sólo se mueren indios, ¿no?). Escándalo que México no ratifique el convenio 189 de la OIT para que dejemos de ser un país donde dos millones de trabajadoras del hogar padecen esclavitud laboral, empleadas muchas de ellas de esos mismos “progres” que la emprenden en las redes sociales contra un tipo que necesita educación, no lapidación. Como el país entero.

Twitter: @SalCamarena