Opinión

El señor Trump será
la bomba

 
1
 

 

cASTAÑEDA TRUMP

Donald Trump ha dicho muchas cosas extrañas en entrevistas recientes. Uno sólo puede imaginar, por ejemplo, lo que los dirigentes militares de Estados Unidos pensaron sobre sus cavilaciones dispersas, llenas de palabrerías, sobre cómo mejorar a nuestros portaviones.

Por acá, en Econolandia, no obstante, los rumores se trataron de lo que expresó Trump en una entrevista con la revista The Economist, sobre buscar las reducciones fiscales aun si se incrementan los déficits porque “tenemos que cebar la bomba”; una expresión que dijo haber inventado.

“Se me ocurrió hace un par de días y creí que era buena”.

De hecho, la expresión se remonta generaciones —Franklin D. Roosevelt la usó en un discurso de 1937— y se ha usado muchas veces desde entonces, incluidas varias por parte del propio Trump. Lo que es más, es una mala metáfora para los tiempos modernos. Hace veinte años, en un ensayo en el que advierto que, al final, podrían llegar a Estados Unidos los problemas al estilo japonés, yo exhorté a que se eliminara de la circulación esa frase: “Dado que no se puede decir que alguien en las sociedades urbanizadas de los modernos Estados Unidos y Japón tenga alguna idea de lo que quiere decir ‘cebar una bomba’, por este medio sugiero que renombremos a esta estrategia de darle un empujón a la economía”.

¿Pero por qué debería importarle a cualquiera además de a los pedantes?

Primero, perder la mente es algo terrible. Los momentos ‘seniors’ cuando no se puede recordar un nombre o una frase, o se recuerda mal de dónde provino algo, nos pasan a muchos de nosotros. Sin embargo, esa entrevista de The Economist fue, básicamente, un prolongado ‘momento senior’; y no fue muy distinto de otras entrevistas recientes con el comandante en jefe de la potencia militar más poderosa del mundo.

Segundo, estamos hablando de una economía muy mala aquí. Hay ocasiones en las que el gasto deficitario temporal puede ayudar a la economía. En los primeros años después de la crisis financiera de 2008, por ejemplo, el desempleo era muy alto y la Reserva Federal
—normalmente nuestra primera línea de defensa en contra de las recesiones— tenía capacidad limitada para actuar porque las tasas de interés, a las que controla, ya estaban muy cercanas a cero. Ese fue un momento para 'cebar en serio a la bomba'; desafortunadamente, nunca se hizo lo suficiente gracias a la oposición republicana de tierras quemadas.

Ahora, no obstante, el desempleo se encuentra en niveles bajos casi históricos; las tasas de ceses muestran la confianza de los trabajadores en su capacidad para encontrar empleos nuevos, retornaron a los niveles previos a la crisis: por fin están aumentando las tarifas salariales y la Reserva Federal ha empezado a subir las tasas de interés.

Es posible que Estados Unidos todavía no haya retornado al empleo pleno —hay un debate animado entre los economistas sobre este
tema—. Sin embargo, el motor económico ya no necesita del empujón fiscal. Este es exactamente el momento equivocado para estar hablando de la conveniencia de unos déficits presupuestarios más grandes.

Cierto, tendría sentido pedir prestado para financiar la inversión pública.

Necesitamos de manera desesperada expandir y reparar nuestros caminos, sistemas de agua y más. Entre tanto, el gobierno federal puede pedir prestado increíblemente barato: los bonos a largo plazo, protegidos de la inflación, están pagando sólo cerca de 0.5 por ciento de interés. Así es que sería defendible el gasto deficitario en infraestructura.

Sin embargo, no es de eso de lo que está hablando Trump. Está llamando a explosionar el déficit para poder recortar los impuestos a los acaudalados. Y eso no tienen ningún sentido económico.

Por otro lado, es posible que no entienda sus propias propuestas; es posible que esté viviendo en un mundo de fantasía económica y política.

De ser así, no es el único. Lo que me trae a mi tercer punto: se puede decir que los delirios fiscales de Trump no son peores que los de muchos de los observadores quizá más profesionales de la escena política en Washington.

Si se es un gran consumidor de noticias, sólo hay que pensar en muchos de los artículos que se han visto en las últimas semanas con titulares más o menos como: “El presupuesto de Trump podría crear un conflicto con los conservadores fiscales en el Partido Republicano”.

La premisa de todos ellos es que existe una poderosa facción entre los republicanos en el Congreso a quienes les preocupan, profundamente, los déficits presupuestarios y se opondrán a propuestas que generen mucha tinta roja.

Sin embargo, no existe tal facción y nunca existió.

Hubo y hay postureros, como Paul Ryan, que dicen que son grandes halcones del déficit. Sin embargo, hay una forma simple de probar la sinceridad de esas personas: cuando proponen sacrificios en el nombre de la responsabilidad fiscal, ¿alguna vez, esos sacrificios involucran a sus prioridades políticas? Y nunca es así. Es decir, cuando se ve que un político dice que, debido a las inquietudes por el déficit, hay que recortar a Medicaid, privatizar Medicare, y/o aumentar la edad para el retiro —pero, de alguna forma, no se requiere subirles los impuestos a los acaudalados, mismos que, de hecho, proponen reducir—, se sabe que solo es puro cuento.

No obstante, de alguna forma gran parte de los medios de información siguen creyendo, o fingen creer, que esos imaginarios halcones del déficit son reales, lo cual es un delirio de proporciones verdaderamente trumpianas.

Así es que estoy preocupado. Es posible que Trump no sólo sea ignorante, sino que esté perdido, y sus propuestas económicas son terribles e irresponsables, pero podrían implementarse, de cualquier forma.

Sin embargo, quizá me preocupo demasiado; quizás a lo único que hay que temer es al miedo mismo ¿Les gustó esta frase? Apenas se me ocurrió el otro día.

Twitter: @paulkrugman

También te puede interesar:
El poder de ser terrible
Vivir en la dimensión Trump
Los trucos publicitarios no son políticas reales