Opinión

El secuestro oficial
de Alondra

 
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Alondra Luna Núñez. (Cuartoscuro)

El pasado jueves 16 de abril a las 8:30 de la mañana, tres hombres que vestían gorra y uniformes de policías identificados como miembros de la Interpol, irrumpieron en la secundaria Sor Juana Inés de la Cruz con un mandato judicial para, entre jaloneos y empujones, llevarse a una adolescente para presentarla ante la juez Cinthia Elodia Mercado García.

Ante las autoridades de la escuela no hubo explicaciones, ni formas de cortesía alguna, tan sólo la aplicación de la fuerza.

¿Eran verdaderos policías o delincuentes disfrazados?

Nadie lo sabía ni tampoco se dijo nada que tranquilizara a sus padres. Todo indicaba un secuestro a la manera que lo podía haber hecho Calígula en la antigua Roma o Beria en la Rusia estaliliana.

A la adolescente la juez la conmocionó. Le soltó una frase que la hizo temblar: “tus verdaderos padres están en Estados Unidos, hacia allá se te llevará”.

Imaginemos recibir esa noticia a los 14 años de edad después de haber sido zarandeada por rudos uniformados y agentes policiacos.

Incluso para notificar algo agradable, hay otras maneras de hacerlo.

La niña solicitó alguna prueba; a su cabeza llegó lo que ha leído en alguna parte y solicitó le hicieran la prueba de ADN. La señora juez se negó, porque dijo, su función no era investigar la identidad de la menor sino verificar que se cumplieran los requisitos de la convención internacional sobre menores sustraídos. Los derechos de la adolescente a ser tratada en forma digna fueron arrollados. Se le subió a un avión y se le depositó en Houston, Texas. Allá la recibió quien decía ser su auténtica madre, Dorotea García. Así, con la eficiencia con la que debieran ser tratados los delincuentes que pululan en el territorio patrio. Allá, la señora García Macedo, quien solicitó esa operación creyendo recuperar a su hija perdida, accedió a lo que la menor exigía: una prueba de ADN, la cual resultó negativa y Alondra fue regresada a México donde sus delirantes padres la esperaban.

Cuatro días estuvo en Texas donde la pasearon por doquier y como niña que es, se hizo un pequeño video en el que decía estar contenta y sonreía.

Alondra corrió con suerte. ¿Y si los uniformados que la secuestraron de la escuela hubieran sido unos rufianes, quién los habría detenido?

¿Cualquiera que piense que alguno de sus familiares se encuentra extraviado en otro país, puede esperar un trato semejante de la Interpol y las autoridades judiciales, o este fue un asunto excepcional?

El caso nos habla de una serie de errores que pudieron haber cambiado el destino de una menor de edad y de toda su familia sin que nadie interviniera, ya que, sin papeles de por medio como son el pasaporte y la visa correspondientes, la operación se hizo a la manera como suelen hacerlo los delincuentes, dejando tras de sí una huella de malos modos caracterizados por el terror. La juez mexicana, ¿pensó acaso en lo que provocaría en los padres adoptivos o como es el caso, en los reales que engendraron esa niña?

Prueba de negligencia y abuso de autoridad en el caso, está el hecho que la señora juez Mercado García se negó a ver el acta de nacimiento y la constancia de alumbramiento de Alondra, documentos en los que se atestigua ser hija de la pareja a la que temporalmente despojaron de su hija.

Toda esta historia no es el producto de una investigación policiaca ni de la interpretación del cuerpo jurídico; es el resultado de un video casero tomado por quien pudo ver y grabar cómo Alondra era jaloneada y empujada al interior de una patrulla con lujo de fuerza por dos o tres individuos que lejos de explicar y mostrar documentos que avalaran la presentación de la menor ante la juez, optaron por una conducta que, quizá, sólo amerita un criminal.

Bien sabemos lo indomables que son las redes sociales en el espacio de internet, de los abusos y las declaraciones anónimas e irresponsables que mucho se cometen cotidianamente, pero también es necesario dar cuenta cuando hay ocasiones en que pueden ser valiosos auxiliares, como ha sido en el frustrado secuestro de Alondra Luna Núñez.

Twitter: @RaulCremoux

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