Opinión

El saqueo del siglo
(III y última)

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Barbosa pide a perredistas a declarar a la PGR

Guerrero Negro está situado entre el desierto de El Vizcaíno y las inmesas lagunas de la península de Baja California Sur. El 17 por ciento de la producción mundial de sal marina sale de aquí y sus habitantes viven del trabajo de la evaporización para obtener el mineral. Los trabajadores ganan entre cuatro y 15 mil pesos al mes, pero una salida al cine cuesta más de dos mil pesos; en el pueblo no hay salas ni otros centros de diversión, tampoco hospitales, ni preparatorias. El desarrollo más cercano está a 12 horas por carretera. Tampoco existen vuelos comerciales.

Este es el Guerrero Negro que casi nadie identifica en el mapa. Un exsecretario de Hacienda que hizo una visita hace pocas semanas, en el periodo de precampaña, quedó anonadado cuando supo que Empresa Exportadora de Sal (Essa) pertenecía al Estado mexicano. ¡Un exsecretario de Hacienda! Es para pegarse un tiro. Esta dependencia, por obligación, debería tener en el Consejo de Administración de Essa a dos representantes, de nueve que lo integran, para fijar precios, así como las condiciones de distribución y venta de la sal. Pero en los útimos años no ha sido así.

El modo de vida es pobre en esta zona inmensamente rica por sus reservas naturales y las ocho millones de toneladas de sal que se extraen al año, que han logrado posicionar a la japonesa Mitsubishi como una de las más rentables en el mundo. El esquema alcahueteado por funcionarios de la Secretaría de Economía, de quien depende Essa, hasta ahora no ha llamado la atención de los representantes de la Cámara de Diputados, que en la actualidad preside Julio César Moreno, ni del Senado, encabezado por Miguel Ángel Barbosa.

Deberían, sin embargo, voltear ya. Más cuando los trabajadores, dirigidos por Álvaro Miranda (hay un total de mil 300 con todo y los de confianza), lograron un triunfo histórico el año pasado: se fueron a huelga después de buscar en Google información sobre el mercado mundial del mineral. De la lectura, su experiencia y contacto directo con la industria entendieron que Mitsubishi ha monopolizado la comercialización de la sal, producto que no sólo termina en las taquerías o en el sabor de las papas fritas sino que el verdadero negocio está en los derivados: los químicos que se obtienen.

Después de la huelga se comprometieron a romper el récord histórico de producción sólo a cambio de información oficial: pasaron de ocho millones de toneladas a nueve y media. Así es como hoy existen los resultados de los estudios de instituciones respetables, citadas en la pasada columna, que revelan que los ingresos y ganancias de la empresa no son los correctos porque el producto se vende por debajo del costo, lo que ha expuesto al Estado mexicano a demandas internacionales por dumping en China, Corea y Estados Unidos.

La ASF, a cargo de Juan Manuel Portal, sustenta, por primera vez, todos los vericuetos legales. Falta saber que hará la Secretaría de la Función Pública, a cargo de Virgilio Andrade. Por eso, los trabajadores volvieron a la huelga. Piden la renuncia de Guillermo Esquivel, quien este fin de año llegó a la dirección de Administración y Finanzas de Essa, a pesar de haber tenido la responsabilidad del fraude de la Estela de Luz en el sexenio de Calderón y a quien ven con intenciones de quebrar la empresa para privatizarla.

10 SEGUNDOS… Fin.

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