Opinión

El sacrificio del DT como medida futbolística

    
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Selección de Alemania

La desazón es uno de los ingredientes básicos como espectadores de los juegos de nuestra Selección. Ante la derrota del día de ayer frente Alemania, salió de nuevo el rosario de calamidades: la falta de estrategia; el mal diseño del juego; la pésima alineación; el desorden al inicio; la falta del contragolpe; que no concretan nada; que les pasa todo por enfrente; que se achican ante un adversario poderoso; que no están fogueados; que se desmoralizan al primer gol en contra; que les cuesta trabajo concentrarse; que el entrenador es un verdadero imbécil; que no sabe nada; que por qué lo pusieron; que hay que cambiarlo porque no tiene idea; que no conoce a sus jugadores; que se la pasa experimentando; que es su culpa la derrota porque los jóvenes son buenos y nada más siguen instrucciones, y que lo que se presenció fue un fraude más a la afición que, con su nobleza y entrega, se lleva un fiasco más.

Personas que uno pensaría que en su vida han tocado una pelota o que el ejercicio les causa abierta repulsa, manifiestan su indignación y su sed de venganza ante el timo al ánimo nacional; vociferan con una antorcha demandando satisfacción a las ilusiones generales; señalan lo inadmisible que resulta la derrota tratándose de algo tan preciado como es el fut, que nos une a todos, sin excepción, a todos los mexicanos. Personajes que nomás de verlos uno no les pasaría pelota en una cascarita, porque se ve que carecen de coordinación motriz básica, llaman a la indignación y al linchamiento, advierten que el resultado del partido es injusto y que es una muestra más de nuestra decadente vida pública. Como casi en todos los asuntos, se exige una cabeza en la plaza púbica: alguien a quien llevar a la piedra de los sacrificios para ser descuartizado y con él la mala suerte, la mala planeación, el mal diseño, la mala organización, el bajo nivel, la insuficiencia técnica o la simple y nunca entendida limitación de las personas y la superioridad de otras en diversas áreas. Que arda el cadáver, que pague el maldito o la maldita por el arrebato de la felicidad.

En esta ocasión la pira tiene mucho más sentido, pues el culpable no solamente es el técnico de la Selección Nacional –oficio maldito si los hay–. Es más fácil que salga bien librado un titular de la PGR que un entrenador de la Selección Nacional. Se les ama sin medida en los triunfos y se les detesta y crucifica en las derrotas, pero insisto, el agravante en esta ocasión es que el entrenador es un extranjero, lo que lo convierte de inmediato en sospechoso de encabezar el boicot a la alegría nacional. Siempre hay un extranjero saboteando nuestra merecida felicidad, nuestro anhelado momento de gloria, ya sea un orate como Trump, los españoles en la conquista –y hasta la fecha– o los que fueren que siempre atentan de alguna u otra manera contra nuestra grandeza en todos los ámbitos, que quedó grabada para la posteridad en esa pieza maravillosa que es el calendario azteca, que exhibe nuestra genialidad antes de ser profanados por la mirada del extraño. A partir de esa mirada, todo ha valido madre.

Incluso hubo quienes decían que el 29 de junio era fecha maldita para nuestra Selección. Es más sencillo: enfrentarse a Alemania siempre será una fecha maldita.

Twitter: @JuanIZavala

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