Opinión

El riesgo y las tasas

En estos días de tasas nominales muy bajas, cercanas a cero, aunque la inflación también es muy baja, el rendimiento real es negativo. No es extraño escuchar a muchas personas que entran a un banco a realizar sus operaciones, comentar acerca de las tasas que ofrecen a los ahorradores, en el sentido de que con esos rendimientos lo mejor es llevarse el dinero y ponerlo debajo del colchón. Los gobiernos no piensan igual y a diario, pero en especial ahora que inicia una importante reunión para discutir el futuro de la política monetaria, se truenan los dedos para que a nadie se le ocurra siquiera elevar las tasas. Imaginemos lo que le cuesta a una economía endeudada por el equivalente del 100% de su PIB, o una cifra cercana, el que las tasas aumenten un punto porcentual. Cuando apenas se empieza a regularizar el déficit en muchas economías y se presenta cierto margen para recuperar algo de gasto productivo y en programas sociales, esta perspectiva debe resultar aterradora.

Volviendo al caso del ahorrador que se siente ofendido por el rendimiento que le ofrecen y aquel que se acerca a una institución bancaria para solicitar un apoyo crediticio, lo más probable es que también se sienta sorprendido por la tasa que le cobrará el banco. La diferencia, aunque parezca abismal, es debida al diferencial de riesgos. Con un riesgo país muy bajo y finanzas sanas, las economías se pueden endeudar a un costo bajísimo, lo mismo que los gobiernos al interior de sus economías. Simplemente emiten y no tiene competidores en la práctica para absorber cualquier flujo de recursos que esté disponible en los mercados, incluyendo el ahorro de extranjeros, que están dispuestos a aceptar esas tasas, debido a que el riesgo de incumplimiento es sumamente bajo.

No pasa así con otro tipo de proyectos productivos y de inversión, los cuales tienen una perspectiva de riesgo más elevada, que es lo que mantienen frenada a la inversión y a cierto tipo de consumo, en especial el que se dedica a adquirir bienes de consumo durable. La construcción de vivienda, de obras de infraestructura, o la adquisición de maquinaria y equipo enfrentan esta misma problemática, de ahí que sólo se emprendan aquellos proyectos que tienen una tasa de rendimiento muy elevada, en especial en el corto plazo, para poder hacer frente a la tasa de interés que se enfrentará para poner en marcha una obra.

Este es uno de los problemas centrales que no ha sido posible atender, aun con reforma financiera, pero que será necesario enfrentarlo, de lo contrario nuestra economía no podría aspirar a elevar su tasa de crecimiento significativamente en el corto plazo. Es necesario el diseño de nuevos instrumentos y acceder a otras fuentes de financiamiento, que permitan reducir las tasas y dar cabida a todos esos proyectos de inversión que hasta ahora han estado cerrados. Una parte importante de esto es la inversión en tecnología, ciencia e innovación que tienen que hacer las MIPYMES para poder sobrevivir. Con los fondo que pueden acceder para sus proyectos, no será posible lograr que este segmento de empresas ocupe un lugar destacado en la economía y en la generación de valor agregado.

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