Opinión

El reposicionamiento
de Peña

 
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Peña

Cuando hablar o escribir bien del presidente Enrique Peña Nieto es visto con desconfianza y recelo, sobre todo si consideramos que el deporte nacional es criticarlo por antonomasia, pues caemos en la zona de la descalificación a priori. Sin embargo, hoy nos aventuramos a decir que después de observar los datos duros del estado que guarda su administración en cinco años de gobierno, diremos que el balance es positivo y con mucho supera los logros en ese mismo lapso por gobiernos sexenales recientes.

Peña sí es el Presidente del empleo, con casi tres millones de empleos creados en su sexenio se gana con creces este apelativo. Nadie de sus antecesores ha logrado tal proeza. Son varias las razones que han generado el empleo; sin embargo, prevalecen dos: las reformas estructurales y la incorporación a la formalidad -producto precisamente de las reformas laboral y fiscal- de miles de trabajadores que en el pasado laboraban desde la informalidad e incluso desde la clandestinidad.

De igual manera, los indicadores macroeconómicos continúan estables y ello da confianza en el exterior, no en balde las principales calificadoras internacionales han evaluado a México como un destino confiable para la inversión.

Desde luego perduran las amenazas y en un año netamente electoral y bajo la presión de la renegociación del TLC, pues la situación puede descomponerse, pero no salirse de control.

Cierto, son dos amenazas que nuestro país enfrenta y las dos tienen nombre y apellido, una es Donald Trump y la otra es Andrés Manuel López Obrador, así de claro. En cuanto estos dos personajes declaran en torno a México, particularmente sobre sus planes a futuro, los principales indicadores del mercado, como la Bolsa o el dólar se mueven una a la baja y el otro al alza. Con ellos, la espada de Damocles está sobre nuestras cabezas.

Fue claro el presidente Peña al citar en su Informe cómo enfrentar a estos dos personajes. En cuanto al presidente de Estados Unidos y la renegociación del NAFTA, que inició este fin de semana en la Ciudad de México, dijo que el equipo mexicano tiene la instrucción de actuar con seriedad y ánimo constructivo. “No aceptaremos nada que vaya en contra de nuestra dignidad como nación”, sentenció.

Y en cuanto a la amenaza que representa el populismo, advirtió que “la disyuntiva es muy clara: seguir construyendo para hacer de México una de las potencias mundiales del siglo XXI o ceder a un modelo del pasado que ya ha fracasado”. Aseguró que de continuar por la ruta de cambio, la cual se impulsa desde su gobierno, “México podrá convertirse en un país plenamente desarrollado en dos décadas”.

En materia económica, dijo que el crecimiento anual es superior a cualquier otro periodo en medio de un entorno internacional incierto; es decir, México crece y atrae inversiones como nunca, además de señalar que, de continuar con el actual modelo de política social, en diez años se acabaría con la pobreza aunque él no esté al frente del país.

No hay duda, Peña se ha reinventado nuevamente y el PRI está más vivo que nunca, desde la victoria en el Estado de México y, muy probablemente, en Coahuila, así como su postura valiente y patriótica que tuvo ante Donald Trump, después de conocer los pormenores de la conversación que tuvieron a principios de año y que fue filtrada a los medios de comunicación.

Y puede que haya quien no coincida con nuestra aseveración, pero ahí están las encuestas y éstas empiezan a mostrar un breve repunte de aceptación a EPN. Son datos que nos dicen que el presidente empieza a transitar hacia mejores momentos, pero eso es lo de menos cuando al país le va mejor y eso es una realidad inocultable y contundente. 

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