Opinión

El renacimiento de Videgaray

1
    

    

Alejandro Videgaray (Cuartoscuro)

Inesperadamente, la revelación de un conflicto de interés en la adquisición de una casa a un constructor que fue beneficiado con obra pública en el Estado de México cuando él era responsable de las finanzas estatales, le dio al secretario de Hacienda, Luis Videgaray, la oportunidad para hermanarse en la desgracia con el presidente Enrique Peña Nieto. En una reunión de gabinete, Videgaray le dijo que ya sabía lo que había sentido cuando la prensa los exhibió a él y a su esposa en una operación similar con el mismo empresario. Los dos serían como soldados en las bandas de hermanos de las guerras, juntos para siempre.

El secretario de Hacienda sugirió en esa reunión de gabinete –con palabras totalmente distintas–, que ambos sangraban por heridas similares infringidos en la misma batalla que los dos ven legítima y legal, aunque se resistan a aceptar que incurrieron en un conflicto de interés, y que la sospecha de corrupción les quitó de manera súbita a Peña Nieto y Videgaray respeto y credibilidad en el mundo. Pero en estos momentos de vulnerabilidad y debilidad –que públicamente no se quiere admitir–, el lance de Videgaray fue, para un presidente que está solo y se siente igual, un respiro. ¿Sacudió al presidente lo que le dijo? La respuesta la dan colaboradores cercanos a los funcionarios: nada negativo sobre Videgaray se le queda a Peña Nieto.

La oportunidad tomada se acompañó de la pérdida de poder de los otros dos pilares de Peña Nieto, miembros de la presidencia tripartita, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el jefe de la Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño. Los reacomodos fueron visibles durante la visita de Peña Nieto a Washington en la primera semana de enero, donde Osorio Chong jugó un papel secundario al ser relegado a la sola interlocución con el secretario de Seguridad Territorial, Jeh Johnson, a unos tres kilómetros de la Casa Blanca, mientras que Nuño, un staffer en Los Pinos, entró con el presidente Peña Nieto a la Oficina Oval para hablar con Barack Obama y su consejera de seguridad nacional, Susan Rice.

Tres semanas antes de la visita a Washington, Osorio Chong presentó su renuncia al presidente quien, hasta hoy, no se la ha aceptado. Si el secretario no registró el frío presidencial en Washington, su equipo trató de reposicionarlo en los medios mexicanos y aparecieron comentarios en columnas donde lo ensalzaron. Osorio Chong no necesitaba mostrar aún más sus debilidades, pero quizás no supo lo mal que le fue a Nuño en Washington por explicar la crisis por los normalistas de Ayotzinapa, dicen fuentes estadounidenses, como un problema alimentado por un expresidente y empresarios molestos por las reformas. Una de esas fuentes comentó: “Susan Rice tiene el mundo en la cabeza; Nuño, ni siquiera a México”.

Washington, sin embargo, no empezó el quiebre. A finales de año, Videgaray le planteó al presidente un ajuste al gasto público y a principios de enero Peña Nieto le dio la luz verde a un recorte superior a los 25 mil millones de pesos que esperaban los expertos, cuyo valor político adicional fue hacerlo en año electoral. La medida preventiva fue altamente elogiada y en el arranque de 2015, el renacimiento de Videgaray era un hecho.

El cargo de director de Banobras, que dejó vacante Alfredo del Mazo para buscar una diputación, fue ocupado por Abraham Zamora, una persona fundamental en la articulación de todo el equipo de economistas en el poder que egresaron del ITAM, que era el jefe de Unidad de Productividad en la Secretaría de Hacienda. Cuando el presidente necesitó enfrentar de alguna forma la coyuntura y revivió la Secretaría de la Función Pública, Videgaray propuso a un viejo amigo del ITAM, Virgilio Andrade, a quien había incorporado en la campaña presidencial como uno de los abogados que dieron marco jurídico a las reformas.

En la preparación del equipo legislativo que revisará el crucial presupuesto para 2016, donde se tendrá que comenzar desde cero porque ya no habrá coberturas petroleras que neutralicen la volatilidad de los mercados, empezó a palomear a cercanos a él y técnicos probados, para las comisiones estratégicas en San Lázaro. Uno de ellos, que quiere como presidente de la Comisión de Presupuesto, es Jorge Estefan Chidiac, a quien removió de la dirección de Bansefi, y sustituyó por Alejandra del Moral, una priista mexiquense que trabajó con Peña Nieto y con él en la construcción de la candidatura presidencial. Videgaray ha seguido hablando con economistas para proponerles diputaciones y la conformación de un grupo que apoye el trabajo del presupuesto que será crucial para el final del segundo tercio de gobierno.

El ascenso de Videgaray no se detiene. Hace unos días movió a Ignacio Peralta de la Subsecretaría de Comunicaciones a la precandidatura del PRI al gobierno de Colima, y colocó en la recta final, donde sólo hay dos candidatos firmes a ocupar la silla de ministro de la Suprema Corte de Justicia que quedó vacante por la muerte del ministro Sergio Valls, a Javier Laynez, procurador Fiscal de la Federación. Estos son los dos últimos movimientos que muestran el músculo fortalecido del secretario de Hacienda, reposicionado como el hombre más poderoso que tiene Peña Nieto, gracias, quizás, a la paradoja política de haber compartido el mismo pecado.

Twitter: @rivapa

También te puede interesar:
El Rubicón de Peña Nieto
Murat, el joven descontrolado
HSBC, una caja de Pandora