Opinión

El regreso político tributario de Antonio López de Santa Anna

10 febrero 2014 4:35 Última actualización 26 septiembre 2013 5:2

Juan Federico Arriola
 
 
Es bien sabido que todo Estado requiere recaudar impuestos para solventar las necesidades sociales de la población entera. Pero hay que hacerlo de manera inteligente y proporcional.
 
Si las propuestas tributarias que ha presentado Luis Videgaray como titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, las hubiese anunciado su jefe, Enrique Peña como candidato a la presidencia durante el primer semestre de 2012, mucho menos electores habría votado por la coalición PRI-PVEM, ¿por qué? Porque nadie quiere pagar impuestos. Durante la campaña presidencial, Peña prometió todo: vales de medicamentos para todos, mejores salarios, seguridad pública y un largo etcétera. Tengo la larga lista de promesas del mexiquense. Él al igual que sus antecesores en el poder, hicieron lo mismo: prometer hasta lo imposible para llegar a la presidencia de la república. Una vez instalados en el poder, ordenan subir las tarifas públicas de servicios, piden al Congreso Federal el aumento de impuestos y más aún, la creación de nuevos impuestos, muchos de ellos, inequitativos.
 
La propuesta de Peña y Videgaray de cobrar IVA  a las colegiaturas es un despropósito: los más ricos pueden irse a estudiar al extranjero cualquier licenciatura; los padres y madres de clase media que no pueden pagar más por concepto de colegiatura en escuelas y universidades particulares pretenderían llevar a sus hijos a instituciones públicas. El problema se agrava, cuando se constata que no hay suficientes lugares en las escuelas y universidades públicas. ¿Acaso Peña no ha escuchado al rector de la UNAM, José Narro en el sentido de que la capacidad instalada de la universidad más importante de México está rebasada?
 
Por otra parte, el hecho de exigir IVA en alimentos de mascotas es un regreso directo al último y peor gobierno de Antonio López de Santa Anna. Este señor a mediados del siglo XIX y su gobierno cobraban impuestos por la tenencia de animales domésticos, además de cobrar por cada ventana de las casas de los habitantes de México. Con la dichosa reforma tributaria, el gobierno de Peña considera malamente que tendrá un ingreso importante por el cobro de IVA a alimentos de animales domésticos y no será así. Los perros por ejemplo pueden ser alimentados incluso con filetes –que es lo que pienso hacer, siempre y cuando el médico veterinario lo autorice por la salud de mi perra teckel (salchicha)– que con croquetas que serían mucho más caras desde 2014.
 
¿En qué piensa Videgaray al pretender que se cobre IVA por renta de inmuebles y pago de hipotecas? Es un atentado al derecho a una vivienda digna y decorosa (artículo 4 constitucional), probablemente al principio jurídico de no retroactividad, a la economía de las familias y a la justicia tributaria. No sólo eso, tenemos que ver a fondo y ojalá así lo hagan los senadores y diputados en el tema de Ley de Ingresos y sólo los miembros de la Cámara baja en el caso del Presupuesto de Egresos de la Federación, qué tanto afecta las prestaciones sociales de los trabajadores, además la necesidad de bajar el déficit que pretende Videgaray, la importancia de que las instituciones públicas federales y locales sean austeras para su gasto y mucho más eficientes para el gasto social, más ahora con los desastres naturales que se suman a las ineficiencias de varios gobernadores, en especial el de Guerrero.
 
La política tributaria del gobierno de Peña, anula las reformas educativa y laboral, golpea torpemente a las clases medias, no ayuda a los más pobres, no generará más empleos, no le interesa la corrupción de sindicatos y gobiernos locales y es un grave retroceso histórico, porque es volver a las leyes arbitrarias de la época santanista. El Congreso mexicano hoy nos puede salvar de la injusticia gubernamental si corrige los despropósitos del proyecto del mexiquense.
 
Me encantaría enviar a las oficinas del presidente Peña y del secretario Videgary libros de historia de México –por supuesto no historia oficial- para que se percaten de que sus medidas fiscales no son originales y son tremendamente injustas como las de López de Santa Anna. No estaría mal, agregar en el paquete de libros un ejemplar de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, porque no la conocen y por supuesto no la respetan. A los hechos me remito.
 
Profesor investigador de tiempo completo en la Universidad Iberoamericana.