Opinión

El regreso del “reciclado” Kevin Rudd en Australia


 
Mucho más carismático y dotado de habilidades políticas que su acérrima rival dentro del Partido Laborista, Julia Gillard, Kevin Rudd regresó ayer al poder en Australia exactamente 3 años y 3 días después de que fuera derrocado en un golpe interno por la ahora exprimera ministra, sin que ello garantice la permanencia en el gobierno de la izquierda moderada ante la cercanía de las elecciones generales.
 
De orientación ambientalista y consciente de las realidades geopolíticas ignoradas por Gillard en su apuesta por la alianza militar con Estados Unidos y Japón, que para Camberra pasan ineludiblemente por un mayor entendimiento con China, cuyo idioma domina, el exdiplomático Rudd cayó del liderazgo laborista por el empuje de la derecha, que no le perdonó sus planes para incrementar los impuestos a las grandes firmas mineras de la isla continente.
 
Así fue como Gillard se hizo del Ejecutivo al frente de un gobierno de minoría inédito desde la Segunda Guerra Mundial y con una enorme impopularidad que permitiría el triunfo de la oposición conservadora abanderada por Tony Abbott --en la década pasada el premier John Howard fue nombrado “sheriff” del Pacífico por George W. Bush, a cambio de su apoyo a la invasión de Irak-- en los comicios parlamentarios programados para el 14 de septiembre.
 
Los laboristas se encontraban abajo en las encuestas por 57-43% con Gillard, aunque podrían aspirar a un empate técnico con Rudd como candidato, si es que sobrevive a un potencial voto de confianza en el Parlamento que puede adelantar al 3 de agosto los comicios. Entre tanto, Rudd disfruta de su revancha y recordó al asumir la jefatura del gabinete que "en 2007 el pueblo australiano me eligió como su primer ministro y ésa es la tarea que retomo hoy con humildad, con honor y con una importante dosis de energía y de objetivos".
 
Sin embargo, indicó el diario The Sydney Morning Herald, Rudd deberá formar su equipo con rapidez y dejar en claro ante el electorado cuáles son sus diferencias de fondo con Gillard. En las dos próximas semanas, adelantó, podría restaurar el polémico impuesto a las industrias contaminantes que le costó el cargo en buena medida, así como definir su estrategia para encarar la ola de refugiados económicos y solicitantes de asilo procedentes de Asia que no deja de bañar las costas australianas y que en el pasado Howard “resolvió” estableciendo colonias virtuales de migrantes indocumentados en las pequeñas islas vecinas.
 
"Es el mejor comunicador que existe en nuestra política actualmente; la gente de verdad lo aprecia y ello nos coloca en una mejor posición para ganar las elecciones, en lugar de dirigirnos hacia la peor derrota en 111 años de historia de la federación”, subrayó a AP Richard Marles, ministro sin cartera en el gabinete de Gillard --quien por cierto es la primera mujer que encabeza un gobierno en Camberra-- que renunció en marzo, tras el segundo desafío frustrado de Rudd para recapturar el liderazgo partidista.
 
Sin embargo, Abbott, quien tiene el apoyo de los independientes, exigió aclarar el derrocamiento de Gillard en vísperas de las elecciones y recordó que el país requiere estabilidad política ante un panorama mundial y económico incierto. "La política es un asunto mucho más brutal de lo que necesita a veces", dijo. Horas antes, Rudd pareció darle la razón, al asegurar ante la Legislatura que "como todos lo sabemos en este lugar, la vida en la política es especialmente dura".