Opinión

El regreso del presidente

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EPN. (ilustración)

No sabemos si el presidente vaya a hacer nueve cambios en su equipo de trabajo como hizo ayer el jefe de Gobierno capitalino, aunque la eclosión de conflictos en la semana que concluye brindan una oportunidad de oro para relanzar a la administración federal.

La gravedad de los problemas amerita una respuesta contundente del Ejecutivo.

Faltan más de tres años para que finalice el gobierno y es mucho lo que hay por hacer. Peña Nieto no va a nadar de muertito hasta 2018. Es un político que batalló por llegar adonde está.

El reacomodo se antoja inminente, en algunos casos con cambio de personas y en otros con ajuste de políticas.

Para remar en los tres años cuatro meses que le quedan al gobierno, éste requiere recuperar credibilidad y confianza de la población.

La ciudadanía necesita sentirse escuchada por su gobierno, y que la respuesta sea cambiar ahí donde están las heridas abiertas.

Los próximos meses y años serán extremadamente duros en términos políticos. Viene la radicalización del PRD, la aparición de Morena en el Congreso, y un PAN que le va a negar el agua y la sal al gobierno porque ya le dio lo que tenía que dar, el Pacto, y a partir del 1 de septiembre se va a pintar la cara de guerra.

Lo que vimos en la semana no puede ser más alentador para un cambio.

El ingreso de las familias está en su nivel más bajo en 15 años, según dijeron los entrevistados para la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares en 2014, dada a conocer ayer.

Se trata de una encuesta, pero el dato no deja de ser fuerte: la gente dice que estaba mejor en 2012 que en 2014.

Falta de crecimiento económico, pesimismo, y una clase media golpeada por la caída del ingreso, forman el coctel de la inconformidad.

¿No hay nada qué corregir en la reforma fiscal?

Si no lo hacen van a perder el poder, y a manos de los que van a derogar esa reforma completa.

El Estado ha sido vulnerado en su tarea de garante de la seguridad y expuesto al ridículo con la fuga del Chapo Guzmán.

Mucha gente ve al Chapo como un héroe porque puso en ridículo al gobierno. Eso hay que frenarlo con un golpe de credibilidad, pues no se puede permitir que los valores de la sociedad se trastoquen de una manera demencial.

La reforma educativa no se puede aplicar (apenas en su inicio) en Oaxaca porque hay un gobernador que dobló el brazo y un secretario de Educación federal incapaz de arreglar algo.

Tal vez Emilio Chuayffet es muy competente en otras tareas, pero no en la implementación de la reforma.

Para infundir entusiasmo con las grandes obras de infraestructura programadas, se necesita mandar un mensaje de total transparencia en las licitaciones. Ahora no están esas condiciones.

En fin, ya regresa el presidente y le espera una tarea fascinante para un político: cambiar el estado de ánimo de la población.


Twitter: @PabloHiriart

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