Opinión

El referéndum por la reforma energética

03 octubre 2013 5:36

 
¿Qué es lo que realmente queremos los mexicanos respecto a la industria energética?
 
 
Imagine por un momento que avanza la reforma política, se reglamenta la figura del referéndum y se aplica al caso de la reforma constitucional en materia energética.
 
 
Los resultados de ese referéndum que ha propuesto Cuauhtémoc Cárdenas, Ebrard y otros líderes de la izquierda, dependerían por entero de la manera de formular la pregunta sujeta a consulta.
 
 
De acuerdo con una encuesta realizada por el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados en julio pasado, el 47 por ciento está de acuerdo con que Pemex se asocie con otras empresas en la extracción de petróleo mientras el 43 por ciento está en desacuerdo.
 
 
Sin embargo, cuando se pregunta respecto a si hay acuerdo con que se permita la inversión privada –así en general- en la industria petrolera, entonces el 54 por ciento muestra desacuerdo contra un 36 por ciento a favor.
 
 
Otra encuesta, realizada por Consulta Mitofsky, efectuada en agosto, encontró que para el 40.2 por ciento de los entrevistados es más importante que el precio de la luz y el gas sean más baratos contra el 29.8 por ciento que dicen que lo más importante es que el petróleo siga siendo de los mexicanos.
 
 
Le refiero los datos anteriores sólo para demostrar que las respuestas de la gente respecto al tema de la reforma energética dependerían fuertemente de la forma en que se pregunte.
 
 
Si se preguntara si se está de acuerdo en que la redacción del artículo 27 quedara en los términos en los que estaba en el sexenio de Lázaro Cárdenas, le aseguró que la respuesta favorable sería mayoritaria.
 
 
Pero si el cuestionamiento fuera si la gente está de acuerdo en que Pemex comparta sus utilidades con empresas privadas, entonces le aseguro que la respuesta negativa sería mayoritaria.
 
 
Ese es el problema de poner a referéndum un tema complejo, que tiene muchas aristas, cuyos énfasis determinarían el sentido de la respuesta de la gente.
 
 
Hay temas que no pueden ponerse a consulta en un referéndum.
 
 
Imagine usted por un momento que se pregunta a todos los electores si están de acuerdo en que desaparezcan los impuestos, le aseguro que un porcentaje altísimo estaría a favor de que así ocurriera.
 
 
Si esto implica que el Estado perdiera los recursos para cumplir las funciones más esenciales es algo que probablemente no interese cuando se conteste al cuestionamiento específico.
 
 
Así que, aún este tipo de instrumentos debe ser tomado con cuidado pues puede conducir a decisiones que son absurdas.
 
 
Hoy pareciera lejana la reforma energética, cuando todas las baterías están volcadas en el asunto de la reforma hacendaria.
 
 
Sin embargo, no hay que perder de vista que reformas hacendarias han existido muchas. Y aún las dimensiones de la que se ha propuesto no la convierten en “la reforma”, sino probablemente en una más, a la que deberá seguir otra en esta administración.
 
 
Sin embargo, la reforma energética puede ser la que defina a este gobierno.
 
 
Si prospera la reforma hacendaria y fracasa la energética, habrá una enorme decepción en los mercados internacionales.
 
 
Ojalá salgan ambas, pero si la fiscal se atora y la energética camina, entonces este gobierno habrá establecido un parteaguas en la historia. Así que, más vale discernir y darle a cada cual la relevancia que merece.
 
 
Viejos trabajando
 
 
El retiro a los 55 años, que se ha practicado en instituciones como el IMSS o el ISSSTE, está muy lejos de ser la realidad de la mayoría de la población.
 
 
Las estadísticas del INEGI refieren que más de la mitad (52 por ciento) de los hombres de 65 a 74 años se mantienen trabajando e incluso más de la tercera parte de los que tienen de 75 a 79 años están dentro de la población económicamente activa.
 
 
Ese va a ser el destino de casi todos al paso del tiempo. Hoy ya es de muchos.
 
 
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