Opinión

“El que todo lo sabe”: sobre las reformas “estructurales”

10 febrero 2014 4:16 Última actualización 19 septiembre 2013 5:2

 
María de los Ángeles Mascott Sánchez
 
 
 
Un hombre sabio toma sus propias decisiones, un hombre ignorante sigue la opinión pública.
 
Proverbio chino
 
 
Si abordas una situación como asunto de vida o muerte, morirás muchas veces.
 
 
Adam SmithInmersos en el debate –¡tantas veces circular!–, perdemos perspectiva. En muchas de nuestras discusiones, más cargadas de ideologías y dogmas que de argumentos informados, nos encerramos a “capa y espada”; “a piedra y lodo”. Cedemos inteligencia frente a la necedad. Peleamos, a menudo, por ignorancia.
 
 
En mente, ahora, tengo la propuesta de reforma energética, asunto en la agenda nacional desde hace 15 años. En este tiempo hemos recibido infinidad de datos, proyectos y argumentos a favor y en contra. Y, a pesar de todo ello, hemos obviado mucho del contexto internacional que puede o no favorecer aspectos centrales de la reforma.
 
 
Hace unos días el Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos (CRS, por sus siglas en inglés) publicó un par de reportes sobre el Acuerdo entre ese país y México sobre las Reservas Transfronterizas de Hidrocarburos en el Golfo de México, firmado por ambas naciones en febrero de 2012 y ratificado por el Senado mexicano en abril de ese año. Se trata de un marco de cooperación binacional para la exploración y explotación de petróleo y gas en zonas que exceden los límites marítimos exclusivos de cada país.
 
 
El acuerdo, cuyo origen puede rastrearse a los años 70, se basa en estimaciones del Departamento del Estado estadounidense sobre las reservas en zonas marítimas de acceso a ambos países: 172 millones de barriles de petróleo y 304 mil millones de pies cúbicos de gas. Estos recursos, argumenta la administración de Obama, son vitales para Estados Unidos, pues aumentarían los ingresos públicos en ese país. Además, en 2014 concluirá la prohibición de 2001 para explorar y explotar los recursos en zonas no exclusivas de ambas naciones.
 
 
Para instrumentar el acuerdo se requiere trabajo legislativo, ya que los congresos de ambos países tienen la facultad de aprobar los acuerdos y tratados internacionales. En México este proceso concluyó, con la aprobación del Senado, en abril de 2012; en EU aún queda camino por andar. La Cámara de Representantes estadounidense aprobó en octubre de 2012 la Ley H.R. 1613. Sin embargo, en el Senado aún no se ha votado el tema y, de acuerdo con los especialistas del CRS, no existe obligación ni momento para hacerlo.
 
 
En Estados Unidos las dudas sobre el acuerdo se basan en los riesgos que, según algunos, podrían enfrentar sectores relevantes de la actividad estadounidense en el Golfo de México, pues es un área de entrenamiento y operación de las fuerzas militares; y fuente para el comercio, la pesca y el turismo. Igual de relevante es la insistencia de las compañías petroleras estadounidenses para evitar el acceso público a la información acerca de sus inversiones foráneas.
 
 
Vivimos en un mundo globalizado, es obvio. Pero al emitir opiniones tendemos a no usar un marco de pensamiento abierto al mundo. México debe, sin duda, tomar medidas que favorezcan los intereses de la nación (y definir “los intereses de la nación”). Sin embargo, muchas de nuestras decisiones, como la reforma energética y la eventual manutención de nuestra industria petrolera, como quiera que deseemos hacerla, se relaciona con el mundo: con decisiones que –esas sí– no dependen de nuestra voluntad.
 
 
Y confieso: prefiero el debate informado y me adhiero a las provocaciones enteradas.
 
 
Directora General de Análisis Legislativo del Instituto Belisario Domínguez, Senado de la República.