Opinión

El que se adapta gana, el que no, perece

 
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Si algo enseñan millones de años de evolución es que subsiste quien se adapta. El mundo que viene tendrá poco que ver con el mundo del cual venimos. Años de tasas de interés históricamente ínfimas provocaron enorme dislocación de capital hacia inversiones difíciles de rentabilizar. Cada vez más, los inversionistas aceptan retornos bajos.

Invierten de más en bienes raíces porque sienten que al invertir “en ladrillos” al menos hay un bien tangible que respalda su inversión.

Si consideramos que hay, literalmente, millones de millones de dólares en la economía mundial que provienen de bancos centrales buscando generar inflación, el ejercicio de encontrar dónde estacionar esos recursos es crecientemente complejo, conforme resulta claro que la economía mundial inicia un largo periodo de estancamiento.

Ante esa realidad, sectores tradicionales se consolidan. La venta de la cervecera mexicana Modelo al conglomerado belga/brasileño ABInBev por 20 mil millones de dólares ahora palidece ante la compra que éstos hicieron de SAB Miller por 107 mil millones. El objetivo es claro: buscan subir más marcas a estructuras existentes de distribución y mercadeo.

Cuando los productores enfrentan mercados que crecen poco y amplia capacidad instalada (resultado del acceso a crédito casi regalado), sólo se defiende la rentabilidad reduciendo costos y buscando economías de escala.

Lo mismo pasa en otros sectores. Jugadores dominantes buscarán consolidar su participación de mercado por medio de adquisiciones, o fusionándose con otras empresas. La nueva tecnología, además, provee retos y oportunidades habilitando a sectores tradicionales que tienen nuevos canales de distribución (Amazon, por ejemplo), o nuevas formas de mercadeo (redes sociales, por ejemplo).

Para los accionistas de las empresas adquiridas, el reto provendrá de invertir los grandes montos de liquidez producto de esas transacciones, buscando emprender e invertir en negocios y sectores prometedores.

Muchos inversionistas tendrán que salir de su zona de confort para aventurarse en sectores distintos a aquellos en los que hicieron sus fortunas, y en geografías diferentes a sus países de origen. El capital tiene que moverse rápidamente hacia donde tenga sentido invertir. Ese ejercicio es, también, el mayor desafío para los gobiernos.

La defensa de empleos es popular. Nada lo es más que aumentar salarios mínimos, por ejemplo. Pero poco se habla de la importancia de invertir en capacitación, en bienes de capital, o en infraestructura como medios para incrementar la productividad de los trabajadores, para que el aumento en compensación sea la consecuencia de esas inversiones y no algo que ocurre por decreto.

En el mundo que vivimos, los gobiernos necesitan promover la movilidad del capital y de trabajadores. Se hace lo opuesto. Cuando en Estados Unidos se mantuvo a familias altamente endeudadas en casas cuyas hipotecas excedían al valor de mercado del inmueble, se forzó a esas familias a permanecer en sitios donde las expectativas de empleo eran malas, y a hacer pagos mensuales superiores a alquileres a su alcance.

Igualmente, protegen industrias o empresas que quiebran, cuando usualmente lo mejor es dejar que esos recursos se reciclen a empresas o sectores económicos más viables, con mejor expectativa de rentabilidad.

Suena a ciencia ficción, pero teniendo México una industria automotriz tan importante, debemos preguntarnos cómo será la demanda por vehículos dentro de una década, cuando es altamente probable que haya coches que se manejen solos. Será menos atractivo tener auto cuando sean posibles altos niveles de utilización del parque vehicular, permitiendo un uso óptimo de calles, carreteras y estacionamientos.

¿Qué pasará con las aseguradoras? ¿Tendrá sentido invertir en trenes? El trabajo como chofer, por cierto, está en vías de desaparecer, y millones de familias dependen de quienes realizan esa función.

El futuro de la humanidad es prometedor porque la gran revolución tecnológica que vivimos hará para los procesos cognitivos lo que la revolución industrial hizo para magnificar la fuerza humana o animal. Se generará mejor calidad de vida y mucha más riqueza. Nuestros hijos y nietos tendrán jornadas laborales más cortas y más vacaciones, aunque por su creciente esperanza de vida tendrán vidas profesionales mucho más largas, que les exigirán “reinventarse” muchas veces a lo largo de éstas. ¿Qué hacen nuestros sistemas educativos para adaptarse a esa realidad?

Por último, las crecientes disrupciones que provienen de nuevas tecnologías darán origen a una clase creciente de nuevos millonarios.

Enhorabuena para ellos. Se vuelve importante que dejemos de enfocarnos en temas de “desigualdad” y mejor nos concentremos en problemas de “pobreza”. Ésta no se resuelve forzando a empresas a pagar más por el mismo trabajo, sino promoviendo que los trabajadores generen más valor porque recibieron capacitación y cuentan con bienes de capital y tecnología de vanguardia.

El mundo que viene exigirá de mucha más flexibilidad de las empresas, de los gobiernos, de quienes invierten y de los trabajadores. Ganarán quienes lo entiendan mejor y se adapten más rápido que los demás.

Twitter: @jorgesuarezv

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