Opinión

El que escupa primero

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leyó en sus periódicos de papel y tinta que se avecinaba el debate entre Madero y Cordero (ero-ero). Los panistas al borde de un ataque de nervios han tomado sus posiciones. Los candidatos a la Presidencia del PAN. Gamés vio en su periódico Reforma una caricatura genial de Calderón en la cual dos pelones, Madero y Cordero, están a punto de hervor y de debate frente a un frasco dentro del cual hay un peine.

Como decía el clásico: la derrota es huérfana.

La misión primera del panismo consiste en buscar al padre y presentarlo en sociedad, aunque Gamés sospecha que la paternidad le pertenece a los señores Vicente Fox y, sobre todo, a Felipe Calderón. A veces hay dos padres. Cordero, a la pista: “¿Qué podemos esperar de un árbitro que fue nombrado por uno de los jugadores que está en juego en ese momento? Pero aun así decidimos competir por ese ánimo y ese entusiasmo que tenemos de que nos están saliendo bien las cosas y que los panistas se están entusiasmando ante la posibilidad de cambiar, eso es lo que nos motiva, eso es lo que nos entusiasma y por eso estamos tan entusiasmados de participar aun cuando la cancha no está pareja”.

Dios, que no existe, sabe que a Gil le importa una almendra (ya quedamos que es un poco más que un cacahuate) quién gane en la contienda panista, pero canastos, con ese lenguaje de vendedor de aspiradoras, ¿Cordero quiere dirigir al PAN? Estamos muy entusiasmados porque nos entusiasma el entusiasmo. Diantres. Oigan esto: “Ahora sí que no hay mucho qué decir; nosotros, ahora sí que como buenos panistas, nuestras armas son las ideas. No tenemos otras, ni hay mejores y con ese ánimo vamos a llegar al debate”. Cierto, licenciado Cordero, la verdad es que no hay mucho decir; es más, no hay nada que decir, nada de nada.

Caracho, qué fue de los políticos que eran capaces de armar, más o menos un discurso sobre la marcha. ¿Desaparecieron para siempre? ¿Nunca existieron? Gamés se conmisera.

Gamés leyó en algún lugar que más que las ideas, a los hombres los separan los intereses. ¿Cómo la ven? Sin albur. Al menos a Madero y a Cordero, sí, eso que ni qué.

Madero le pidió a Cordero que acepte la derrota el mismo día de la derrota: “Eso de presentar impugnaciones a la convocatoria, al padrón, al árbitro (…) más pareciera que se está construyendo y pavimentando una justificación de una derrota sembrando el argumento para decir que se perdió por estas razones y no por la falta de respuesta de la militancia”.

¿Hay problemas con el lenguaje?

“Pavimentar la justificación sembrando argumentos para decir que se perdió”, la cantidad de disparates que se pueden decir en tan poco tiempo. Ahora mal: si se trata de pavimentar, Gamés se pone en mangas de camisa. Pavimentar el camino a: la democracia, la solidez de las instituciones y, sobre todas las cosas, el lugar común de pena ajena.

Si los contendientes del PAN debatieron con el lenguaje que han ejercido en estos días, pueden estar seguros la lectora y el lector que el galimatías estará como para chuparse los dedos pues sobrará el entusiasmo que entusiasma, las armas de las ideas, la pavimentación y el bacheo de las justificaciones, las semillas de los argumentos, la cancha pareja, la cancha dispareja. Gane quien gane, Gamés considera que el PAN está en serios problemas, como cuando alguien se cae en una zanja y se rompe diez huesos. Dicho lo cual, el que escupa primero. Le cuentan a Gil cómo estuvo el debate, porque en honor a la verdad, 50 minutos de panismo como que no le entran en la cabeza.

La máxima de George Bernard Shaw espetó dentro el ático: “Las ideas son como las pulgas, saltan de unos a otros, pero no pican a todos”.

Gil s’en va