Opinión

El PVEM: la mancha verde quiere crecer

Se han publicado diversos análisis sobre los futuros probables del PAN y del PRD, organizaciones que por distintas razones salieron raspadas del macroproceso de reformas legislativas. La atención que reciben esos partidos corresponde a su peso en la realidad mexicana. Sin embargo, otros partidos afectan igualmente la política sin que reparemos en ellos tan a menudo como se debiera. Es el caso del llamado Partido Verde Ecologista de México.

Sin abundar en los escándalos que han marcado la identidad del PVEM, es notable lo que ha logrado esta organización: ninguno de sus miembros se distingue por nada que no sea el vivir al amparo de esa organización. En otros partidos la diversidad hace injusto el decir los panistas esto, o los perredistas lo otro. Ello aplica incluso para los priistas, entre quienes aun en los tiempos de Enrique Peña Nieto caben distinciones.

En cambio, Jorge Emilio González y sus seguidores están todos cortados por la misma tijera, y no es posible destacar a alguno por buen tribuno, ideas originales o perfil propio. Sus legisladores, y su gobernador, son uno mismo. Y no necesariamente para bien.

Quizá esta uniformidad derive del fenómeno rémora. Son un grupo que vive pegado a otro organismo, el PRI. Descollar resulta antinatural. Lo que se busca es nunca apartarse de aquellos que tienen, nunca llegar a competir con el que les da. Al punto de que a veces llegan a confundirse: al confrontar las críticas del PRD en el tema energético, el diputado Arturo Escobar advirtió a los perredistas que si no les gustaba el rumbo del debate deberían ganar la mayoría para así imponer su agenda. Alguien comentó que Escobar era como el mosquito, que siente que está arando sólo porque va en la yunta. Pero en estricto sentido los del PVEM tienen razón, porque la lógica de la rémora es que si el organismo matriz está bien, ella estará bien.

Al mencionar al diputado Escobar es imposible olvidar que en 2009 fue cachado con una maleta con más de un millón de pesos en el marco de un proceso electoral en Chiapas. (él se desmarcó de su acompañante, para quitarse de encima el escándalo http://www.cronica.com.mx/notas/2009/443009.html). Hoy es evidente que la apuesta del PVEM por Chiapas resultó ganadora, pues hoy gobiernan en aquella entidad.

¿Y cómo son estos verdes mexicanos cuando gobiernan? Es tiempo de que los medios nacionales, además de venderle publicidad en sus portales de Internet, se asomen a Chiapas y evalúen la labor del joven mandatario.

Los periodistas podríamos comenzar por averiguar sobre qué fue lo que hicieron en un hospital público de San Cristóbal de las Casas para causar la muerte de Susana, una mujer tzotzil de 26 años que llegó al nosocomio el 4 de octubre del año pasado para atenderse un embarazo de 39 semanas. El Grupo de Información en Reproducción Elegida, AC (GIRE), ha denunciado que la muerte de Susana está rodeada de oscuras circunstancias, de un mundo de carencias hospitalarias para la atención de los indígenas, y del silencio del gobernador Manuel Velasco. (más información en http://chiapasionate.gire.org.mx/)

Es hora de analizar con rigor al PVEM. No estamos condenados a convivir con un partido-rémora-negocio. No podemos acostumbrarnos a su despilfarro publicitario, ni a su agenda hipócrita que defiende sólo a animales de dueños poco poderosos. Más ahora que se habla de que el PVEM quiere quedarse con Tabasco, Quintana Roo y Campeche. La rémora quiere crecer. Habría que voltear a verla más a menudo.

Por descanso del autor, esta columna reaparecerá el 3 de septiembre. Hasta entonces.

Twitter: @SalCamarena