Opinión

El punto ciego de las instituciones culturales

 
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museo jumex

En 1999 adquirí por primera vez en México y para la colección Jumex algunas obras del, en aquel entonces joven artista albanés, Anri Sala (1974). Un par de años más tarde compré la bella pieza Arena, que filmó en el Zoológico de Tirana, y al igual que con muchos otros artistas, Jumex fue construyendo un cuerpo de obra temprana y significativa.

La relación de Sala con México comenzó en ese momento y después fue tomando su propio rumbo. Vivió en Guadalajara por unos años y ahora lo representa aquí la galería Kurimanzutto.

Anri Sala es un artista que se ha consolidado de manera seria en el ámbito del arte contemporáneo, que es respetado y admirado por él mismo. Es absolutamente loable que tenga una exposición en el Museo Tamayo, pero un tanto brutal que se presente al mismo tiempo que su galería mexicana tiene una exhibición suya y la Fundación Jumex exhibe una pieza de gran/mediano formato en el lugar destinado a 'obra pública' en el Museo. Más que un homenaje a la creación, esto representa una manifestación clara de poder y privilegios.

Esta realidad, de cómo se manejan hoy las instituciones de arte contemporáneo en México, contrasta con lo que hace ya más de tres lustros escribió Cuauhtémoc Medina:

“La inauguración de la colección Jumex… en sus flamantes instalaciones en Ecatepec es mucho más que la aparición de un nuevo espacio de arte en nuestra ciudad. Se trata del inicio de una nueva etapa de las relaciones entre arte contemporáneo y poder económico, donde finalmente la economía mexicana busca simbolizarse mediante la cultura actual. Para empezar, la decisión del empresario Eugenio López al crear en tiempo récord una de las principales colecciones de arte del continente ha puesto fin a una situación que, no por divertida, era menos anómala: la casi completa indiferencia con que los empresarios y políticos mexicanos vieron al arte contemporáneo local a pesar de su creciente importancia a nivel global. De un plumazo y con una inversión de algunos millones de dólares, Jumex ha capitalizado una oportunidad que sólo la miopía, la abulia y el tradicionalismo hicieron perder a toda una generación de empresarios y administradores culturales: aparecer como el catalizador de una nueva acumulación originaria de capital simbólico”. Cuauhtémoc Medina, publicado en Ojo Breve / Jumex: La apuesta del poder simbólico, del periódico Reforma del 7 de Marzode 2001.

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museo Jumex

Tuve el privilegio de iniciar esa colección, y con los años veo que todo el esfuerzo de hace 20 años ha dado frutos de forma generosa, pero que a su vez ha tomado otro rumbo, un tanto escabroso y oscuro. Hoy parecería que esa misión tan esencial, que era apoyar artistas jóvenes para que pudieran seguir haciendo su obra y trabajando, ha sido olvidada por las instituciones que son las que cuentan con las herramientas para poder transformar la vida y práctica de artistas jóvenes.

Ha sido un diálogo de sordos con secretarios de Cultura, explicándoles con peras y manzanas la importancia de crear una colección pública para apoyar a los artistas más jóvenes. Son estos artistas, precisamente, los que necesitan ser exhibidos, tomados en cuenta, coleccionados, apoyados para poder seguir su trabajo y para enriquecer la escena nacional.

Parece ser que a las instituciones les pareció fácil, o cómodo, o muy excitante seguir casi unánimemente a una generación de artistas muy particular y específica de México.

Me sorprendo cada vez que visito el estudio de algún artista joven cuando me dicen que ningún curador ha ido nunca a ver su obra o hablar de ella, y desafortunadamente es algo que me sucede con mucha frecuencia. Para mí la tarea más importante del curador es esa, la de dar seguimiento y acompañar a las nuevas prácticas, las nuevas propuestas y lenguajes que surgen en el ámbito nacional.

Eso no quiere decir que no exista un andamiaje enorme que exhibe y dialoga con estas nuevas ofertas, compuesto de un sin fin de galerías, colegas artistas, espacios independientes, nuevos sellos editoriales.

Pero es frustrante, por no decir grave y miope, que instituciones como el Conaculta, el INBA, el Museo Tamayo, La Fundación Jumex e incluso el MUAC, no tengan un programa claro, definido y de largo aliento para apoyar y dar visibilidad a las generaciones que se van formando e incidir ahí: en la etapa y momento en que estos artistas más lo necesitan.

Y por más esfuerzos que hagan los artistas más jóvenes, las nuevas galerías, los nuevos espacios independientes, existe sistemáticamente un techo que no pueden o no logran romper y tiene que ver con esa falta de apoyo, con esa falta de interés de parte de las instituciones, que viven cómodas colocando su mirada, sus esfuerzos y sus recursos exclusivamente en artistas ya establecidos. Es incomprensible que no dediquen sus recursos en ambas tareas; no son excluyentes, sino que además se nutren y enriquecen. Reconocer el valor de artistas de talla internacional y exhibirlos, ya que la Ciudad de México es un mercado cultural de primer nivel mundial, es muy importante. Pero, al mismo tiempo, es igual de valioso no perder la oportunidad de promover y alentar los talentos más recientes.

Acaso, de verdad, no saben, o no quieren saberlo, o no entienden cómo apostar por el nuevo talento del país. Hacen, esporádicamente, el intento por reconocer o dar espacio a algún joven artista, pero más para justificar la falta de consistencia que por exhibir algo que represente un apoyo sistemático.

Parece que las maneras políticas del país, su anquilosamiento, su amiguismo, su favoritismo y hasta su nepotismo se repite también en nuestra supercrítica, hipereflexiva e inteligentísima escena cultural. El síndrome de la impunidad de cuates que representa la amenaza del fiscal carnal se reproduce con las exposiciones del #ArtistaCarnal. Y claro que me encantaría escribir aquí una reflexión sobre la obra de Anri Sala, de su desarrollo a través de los años y de lo que estas muestras quieren decir. Me temo que el tema de cómo se mueve ese ente que llamamos arte contemporáneo en nuestro país, es más urgente.

¡Ustedes disculparán!

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