Opinión

El publirrelacionista ya 
no es como lo pintan

Ricardo Rodríguez*

Hace apenas tres décadas –cuando empezaba mi carrera periodística– recibí una llamada a la redacción. Era una voz cálida y animosa. Se presentó como “ejecutiva de una prestigiosa agencia de RP” y me preguntó si había recibido el “fax” con la invitación para asistir al banquete de presentación de un producto para la diabetes y –recalcó– se realizaría en un lujoso hotel de Paseo de la Reforma, además de que al final podría participar en una rifa, y algunos otros detalles que ya olvidé, pero lo que sí recuerdo fue que no mencionó por qué la información que brindarían en el marco de dicho evento sería de interés para mis lectores tanto en la columna como en el diario.

Mucho tiempo ha pasado desde entonces y, si de algo estoy seguro
–ahora del lado de la consultoría en comunicación estratégica–, es de que la industria de las RP ha tenido una gran evolución pero aún existen, lamentablemente, quienes viven en el pasado.

Y es que el profesional de las RP ha migrado de ser “do-er” (ejecutivo) a ser “think-er” (consultor). Es alguien que con la “infoxicación” que genera el uso de internet y redes sociales, sabe lo que se necesita para destacar la voz de sus socios de negocio.

Sin embargo, no ha sido fácil lograrlo, pues el gran salto de un concepto a otro requiere –además de pasión y entrega– tener el dominio de algunas habilidades muy puntuales que con la experiencia he descubierto a lo largo del camino:

-Un “think-er” es juez y parte. Si bien se dice que “el cliente tiene la última palabra”, nuestra labor es lograr un balance entre sus deseos y lo que interesa a su audiencia pero, ante todo, que las acciones respondan a la estrategia.

-Sabe decir que no, pero al mismo tiempo emitir una recomendación que resulte en la consecución de los objetivos, al tiempo de explicar por qué “cierta idea” está destinada al fracaso.

-Domina el entorno. No hay nada más cierto que el dicho
“información es poder”. Ser consultor requiere contar con todos los recursos informativos .Un “think-er” consume medios, se actualiza constantemente, escucha, observa.

-Entrega calidad total. No hay pecado más grave para un profesional de la comunicación que tener errores de ortografía, sintaxis o redacción. Desde el correo diario hasta el documento más complejo, deben ser enviados al cliente bajo la premisa de ser la mejor pieza de comunicación que podamos crear.

* El autor es director general de Comunicación+Contenido.

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