Opinión

El Protocolo de Ottawa y la Lucha Contra el Antisemitismo

Después de que el gobierno de Suecia anunciara el reconocimiento de un Estado palestino en octubre pasado, ahora el Partido Socialista de los Trabajadores de España aboga porque el de España también lo haga; cabe mencionar que este último país votó en las Naciones Unidas a favor de Palestina como Estado observador en ese organismo en el 2012. Sin embargo, en el presente, la posición oficial del gobierno español es que solo se reconocerá al Estado palestino cuando surja de un proceso de negociaciones con Israel. Por lo demás, el Ministro de Relaciones Exteriores de España indicó que el reconocimiento tendrá que darse de una manera coordinada con la Unión Europea (UE). Cabe recordar que varios partidos políticos de la Gran Bretaña recientemente solicitaron a su Parlamento la aceptación del Estado palestino; el gobierno del Primer Ministro, David Camerón, respondió de manera similar al de España.

En este contexto, Francia, país marcadamente propalestino, ha mencionado la importancia de que el reconocimiento de los palestinos no sea “meramente simbólico”, sino un instrumento útil para la paz, de aquí que tres legisladores socialistas integrantes del Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento de Francia pidieran en octubre pasado el reconocimiento de un Estado palestino en virtud de que sería “la mejor garantía para la seguridad de Israel”. En este ámbito, analistas políticos consideran que respondiendo a presiones políticas del mundo árabe a los miembros de la UE, es cuestión de tiempo para que reconozcan al Estado palestino. En un documento secreto de la UE se sugiere llamar a consulta a sus embajadores en Israel si continúa la construcción de asentamientos en Cisjordania y el Este de Jerusalén, para tomar medidas diplomáticas contra este último; incluyendo condenas y protestas conjuntas dirigidas al Ministerio israelí así como fortalecer la noción de un Estado palestino, que implica dirigirse a los palestinos como Estado aunque no lo sea formalmente y otras medidas vinculadas con la prohibición de relaciones con los líderes de colonos u organizaciones relacionadas con los mismos. Benjamin Netanyahu apuntó que las medidas diplomáticas unilaterales envían un mensaje equivocado a la Autoridad Nacional Palestina porque “premian a los palestinos sin decirles que tendrán que hacer compromisos genuinos y considerar seriamente las necesidades de seguridad de Israel”.

En este marco, resulta inverosímil como varias naciones de la UE ceden a las presiones de sus residentes musulmanes que afectan a su ciudadanía que esta cansada de la creciente islamización de Europa. En este entorno, en el Reino Unido las autoridades acaban de eliminar el Holocausto de el plan de estudios de las escuelas por que ofendía a la población musulmana que ha declarado que este suceso histórico es ficción. Asimismo, en Francia, cuna de la moderna democracia, las innumerables demandas de su población musulmana están promoviendo su segregación de la sociedad francesa y creando serios conflictos de convivencia. Muchas de las peticiones de los fundamentalistas islámicos al gobierno francés tienen que ver con el ámbito educativo, entre otras:
- que las mujeres jóvenes musulmanas queden exentas de las lecciones de biología y deportes sin que ello afecte sus calificaciones.
- “descongelación” de los horarios escolares para que los estudiantes musulmanes puedan realizar sus oraciones y se les designe un local en las escuelas para este propósito.
- exigencia de una revisión de los libros de historia de Francia a fin de incluir la historia de los países musulmanes y su religión.
- excluir de los libros didácticos todas las referencias a Charles Martel y a Juana de Arco para no ofender a los musulmanes franceses.
- prohibir carne de cerdo en las escuelas francesas donde los musulmanes son mayoría.
- limitación de las estudiantes de medicina y de las médicos musulmanas de solo tratar con mujeres.
- abolir la Navidad en las escuelas primarias y jardines de infantes.

La lista de demandas e iniciativas del mundo musulmán en Francia y en otras naciones de Europa es larga y verdaderamente aberrante, resulta difícil mantener el tejido social de una sociedad moderna que se preocupa de ser democrática y multicultural. En el entorno de antisemitismo y antiisraelismo, Canadá es el primer país que firma un Protocolo para combatir estos fenómenos. El Protocolo denominado de Ottawa (PO) reconoce que el antisemitismo representa “una percepción diabólica” y una amenaza global para el pueblo judío, para el Estado de Israel y para todos los Estados libres y democráticos. El Primer Ministro de Canadá, Stephen Harper, añadió que el PO también esta dirigido a los “que nos odian y quieren destruirnos; y ello no será tolerado en Canadá”.

En el PO se establece un plan de acción para apoyar iniciativas para combatir el antisemitismo y aporta un marco a seguir para las naciones; el PO por primera vez en la historia vincula el antisemitismo con la negación de el derecho del pueblo judío para tener su patria ancestral, el Estado de Israel, que se estableció en 1948. El PO reafirma la negociación del antisemitismo a la legitimidad del movimiento Sionista que reclama la patria de Israel y rechaza la historia judía con su Tierra Santa, en particular la Centralidad de Jerusalén para los Judíos.

En el PO se consigna que el antisemitismo niega el Holocausto y al mismo tiempo acusa a los judíos de nazis; no les reconoce poder vivir libres del odio y de intolerancia. Por su parte, el Ministro de Relaciones Exteriores de Canadá, John Baird, ha indicado que su gobierno apoya abiertamente a Israel frente a las amenazas de los palestinos de proclamarse unilateralmente en un Estado y que no abandonará a Israel en la ONU. Baird ha mencionado que cada vez es mayor el número de países que se niegan a participar en la próxima Conferencia Durban III, que empezó en el 2001 en Sudáfrica en defensa de los derechos humanos y que ha degenerado en un foro antisemita en el que los Estados árabes y africanos han acusado a Israel de todos los problemas que enfrentan y, en general, de los que se viven en el mundo hoy día. En este sentido, recientemente los gobiernos de Francia, Nueva Zelanda y Polonia se unieron a Canadá y otras diez naciones Occidentales para no participar en la Conferencia de Durban.

El PO es en buena medida resultado de un informe publicado por la Coalición Parlamentaria de Canadá para combatir el antisemitismo y a través de el se ha forjado un compromiso de líderes políticos canadienses que voluntariamente dedican esfuerzos para probar el alarmante aumento del antisemitismo, que particularmente crece en los campus universitarios que se han convertido en semilleros del odio antisemita. El mundo debe cobrar consciencia de la importancia del PO y nunca olvidar las lecciones del Holocausto cuando el mundo se mantuvo en silencio.