Opinión

El Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar en Brasil, una experiencia que debemos rescatar

10 febrero 2014 4:43 Última actualización 06 agosto 2013 5:7

 
 
Isabel Cruz Hernández
 
 
La reforma a la Banca de Desarrollo, en su vertiente de financiamiento al campo, merece un análisis a la luz de experiencias exitosas como el Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar (PRONAF) en Brasil.
 
 

PRONAF es un programa de crédito rural, el cual ha demostrado que el financiamiento a la  agricultura familiar es posible, rompiendo con dogmas económicos para los que esta población no es viable como sujeto de crédito. El hecho de que en Brasil ocurra, nos hace preguntar si los brasileños han perdido la razón o son infinitamente ricos. Lo cierto es que ni lo uno, ni lo otro.
 
Lo que sí sucede es que Brasil fijó metas supranacionales para erradicar el hambre.
 
 

Así, Hambre Cero, como se denomina la estrategia, es en realidad una Política de Estado en la cual, todo el aparato gubernamental establece sus parámetros de operación en función de la meta, incluyendo a la Banca de Desarrollo. Así, PRONAF fue diseñado en este contexto y destaca principalmente por:
 
 

1) Ser un solo programa el que atiende a los diferentes perfiles de productor, es decir, el crédito puede dirigirse tanto a las actividades agropecuarias como no agropecuarias; tanto a nivel individual como colectivo, es decir, los sujetos de crédito pueden ser personas, cooperativas, asociaciones de productores o la agricultura familiar. Ésta última es importante, ya que en América Latina, la pequeña economía campesina es familiar, de manera que las decisiones de consumo, producción y asignación de recursos (tierra y mano de obra) abarcan a todos los miembros del hogar. Por lo tanto, la estructura de ingreso y gasto debe revisarse en conjunto y no individualmente, con mayor razón si se trata de un análisis de crédito.
 
 
2) Tener tasas de interés diferenciadas de acuerdo al nivel de ingresos del productor, el monto del crédito, el plazo y el tipo de actividad productiva. En este sentido, la tasa de interés efectiva anual va del 1.5% al 4.5%!. En cambio, en México, la tasa más baja que otorga la Financiera Rural para el fondeador de primer piso es de aproximadamente 13% anual, a la cual no accede la mayoría de intermediarios financieros y a la que se le añaden los gastos de operación y riesgo de quien coloca el crédito. Por ende, los productores terminan pagando, en el mejor de los casos, tasas anuales de entre 20 y 50%. Con estas tasas no es sorpresa que sólo el 3.6% de las unidades de producción hayan contratado un crédito, de acuerdo al Censo Agropecuario 2007.
 
 

3) Vincular al productor con programas de aseguramiento agrícola, cobertura de precios y garantía de cultivos. Así, los agricultores familiares son empatados con el Seguro a la Agricultura Familiar (SEAF), el cual garantiza al menos el 65% de los ingresos netos esperados del proyecto financiado. Por su parte, la Garantía de Cultivos se aplica en zonas vulnerables que pueden sufrir sequía o exceso de lluvias y, finalmente, la cobertura de precios funciona para todos los productores con crédito, a quienes se les otorga un descuento si el precio de mercado cae por debajo del precio de garantía del producto.

4) Definir líneas de créditos hacia la mujer, el campesino joven o proyectos de energía renovable a fin de estimular a la población vulnerable o a las actividades con alta rentabilidad social. 
 

PRONAF no sólo tiene un buen diseño de política, sino que en 2012 colocó créditos en la población meta, por cerca de 95,700 millones de pesos, lo cual equivale a aproximadamente 4 veces la operación de la Financiera Rural para ese mismo año y además, ha logrado impactos positivos en el ingreso, tal como lo señala el Banco del Noreste en su evaluación de marzo 2012, en la cual se contabilizó un incremento de 39.9% en la masa salarial de productores que tenían 5 años en el PRONAF y 4.4% para quienes llevaban un año (Fuente: José Sidryao Alençar Junior, Director de Gestión para el Desarrollo del Banco del Noreste).
 
 

Con estos resultados es importante conocer lo que otros países realizan con éxito y tomar lo mejor de estos, a fin de transformar estructuralmente nuestra Banca de Desarrollo rural y que ésta sirva a los objetivos de desarrollo e inclusión social de una mayoría de campesinos que hasta hoy, no tienen acceso a los servicios financieros.