Opinión

El profesor Robert Blecker quiere a todos muertos


 
Para entender hasta qué punto llega el apoyo a la pena capital en Estados Unidos sería necesario echar un vistazo a la trayectoria de Robert Blecker, profesor de la Escuela de Leyes de Nueva York y su más vehemente defensor, quien demanda empeorar las condiciones del sistema penitenciario, porque los criminales más terribles sólo deben tener dos opciones: La ejecución o la cadena perpetua, tan dura como lo permita la Constitución.
 
A contracorriente de las tendencias mundiales y de los análisis que han demostrado la inutilidad del máximo castigo para reducir la tasa criminal, Blecker, quien estudió en las universidades de Tufts y Harvard oponiéndose a la guerra en Vietnam al mismo tiempo que reivindicaba de manera excepcional la pena de muerte, publicó en diciembre The death of punishment: Searching for justice among the worst of the worst (Palgrave Macmillan), libro en el que se contradice –apunta la reseña de Asia Times– en sus intentos de justificarla con argumentos racionales pero asevera, diríase que con mejor suerte, que el sistema penitenciario sólo es peligroso y aterrorizante para quienes menos lo merecen, como los internos que purgan sentencias cortas por delitos no violentos y quienes esperan juicio tras las rejas.
 
 
Para sus habitantes a largo plazo, como violadores y asesinos, escribe Blecker, ex fiscal general asistente en el estado de Nueva York, donde procesó a jueces, policías y abogados corruptos, las prisiones estadounidenses pueden ser buenas; disfrutan de televisión, comida adecuada e instalaciones recreativas, así como de una “pirámide de privilegios” en recompensa por su conducta positiva, que incluyen la transferencia a una cárcel de media seguridad, donde la vida es aún más cómoda.
 
 
Merecido
 
 
Quizá la parte más interesante del libro es la relación que Blecker entabla con los presos, a la búsqueda de justificaciones para su tesis que se alarga por trece años de entrevistas y convivencia con cientos de asesinos convictos. De aquí parte su amistad con Daryl Holton, un hombre de Tennessee que mató a sus propios hijos en 1997 y que fue ejecutado una década más tarde, caso del que se desprende el documental Robert Blecker wants me dead (2009, Ted Schillinger).
 
 
Provocador, el jurista y “retribucionista” neoyorquino agrega que la alternativa a la pena capital puede ser un severo régimen carcelario para los psicópatas, que cumplirían cadena perpetua bajo aislamiento, sin ninguna clase de recreación, sin contacto humano e incluso sin el placer de la comida, alimentados únicamente con Nutraloaf, un desagradable pastel confeccionado con carne, fruta, vegetales o granos que se reserva a los reos castigados.