Opinión

El príncipe de la basura

“La historia delictiva de Guapo es más espesa que el engrudo y a nadie en el PRI se le ocurrió detenerlo”.

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio Gil pensaba en sus tres vidas. La primera se llamó “Tres sin Sacar”, Gamés era joven y enjundioso, mju, y nada lo detenía ni retenía, aquello ocurrió en La Crónica de Hoy dirigida por Pablo Hiriart, a quien seguía Báez Rodríguez. Gilga arremetió con fuerza (no empiecen) en su segunda vida, pero el tiempo había pasado y decidió cambiar “Tres sin sacar” por “Uno hasta el fondo” (más marrado, más seguro) en el periódico La Razón, también a cargo de Pablo Hiriart y en compañía de Rubén Cortés.

Gil se fatigaba en esa página del fondo. En esos días, Gamés puso en su pecho un letrero que decía “cerrado por demolición”, pero véanlo ahora, “abriendo puertas y ventanas” en esta página de El Financiero y citando mal y de memoria a Carlos Pellicer. Este espacio debería llamarse entonces “Uno hasta casi el fondo”, pero no tiene la eufonía de un membrete. Así las casas (muletilla inmobiliaria), después de hablar con Enrique Quintana, director de este periódico, Gilga dio el banderazo a su tercera vida. Aquí vamos.

Una de las noticias de estos días hirsutos (gran palabra): la supuesta red de prostitución organizada por Cuauhtémoc Gutiérrez desde su cargo como dirigente del PRI en el DF. Muy bonito. Carmen Aristegui lo denunció en su noticiero de MVS radio, ordenó notas, papeles, diseñó un plan y le ha dado tremendo varapalo (gran palabra de la cepa hispana). El golpazo se oyó hasta las oficinas de la dirigencia nacional del PRI. El hombre es apuesto, eso que ni qué, pero caramba, no le da derecho a convertir al PRI del DF en una guarida de proxenetas.

Ciertamente, desde hace años, su periódico Reforma dio a conocer que Cuauhtémoc tenía a su servicio a un grupo de edecanes para su atención personal y privada. La gran vida, mala vida si ustedes quieren, pero una vidaza, como decía la mamá Gordolfo Gelatino: hijazo de mi vidaza. ¿Cómo van nuestras contrataciones, Sutano? Viento en popa, jefe, ayer llegaron dos melocotones de antología. Por cierto: la palabra edecán viene de aide-de-camp, los ayudantes de los generales en el campo de batalla, esos señores hacían de todo y servían para lo que al general le diera la gana (cápsula cultural, cortesía del Gilga).

El Comité Ejecutivo Nacional del PRI separó de su cargo al señor Cuauhtémoc Gutiérrez y le exigió que presentara una denuncia ante la Procuraduría del DF. Los priistas de la ciudad exigen que Gutiérrez no regrese al PRI pues podría “lastimar la imagen del tricolor”. Gil se tiró al piso de cedro blanco a risotadas, le dolió el estómago.

Según un trascendido, a Gutiérrez le decían de niño Guapo, lo cual le dio una impresionante seguridad de carácter. Guapo aquí en los basurales, Guapo allá en los callejones. Mentiras, no le decían Guapo, pero sí andaba en los basurales porque su padre era el rey de la basura, Rafael Gutiérrez, líder de los pepenadores. Su mami es Guillermina de la Torre, conocida como la zarina de la basura. Caracho, cuánta basura.

La historia delictiva de Guapo es más espesa que el engrudo y a nadie en el PRI se le ocurrió detenerlo y ponerlo en su lugar. En 1999, Guapo estuvo preso por invadir el predio Las Minas, en Iztapalapa. Un día, según su periódico Milenio, Guapo descargó un camión de basura frente a las oficinas de El Economista en represalia por sabe Dios qué basuras. En 2001, Guapo se enfrentó con las huestes de Rosario Guerra y la mandó al hospital. En 2003, Guapo entró a las instalaciones de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado y arrojó sillas contra María de los Ángeles Moreno y sus seguidores. El dipuhooligan, que rompe puertas y vidrios de oficinas ajenas, forma parte del grupo de Cuauhtémoc Gutiérrez.

Ahora mal y por piedad oigan esto: en 1999 el dirigente del PRI era Mariano Palacios Alcocer; en 2002, Dulce María Sauri y en 2003 Roberto Madrazo Pintado. ¿No tienen nada que decir estos próceres del priismo? La verdad, impresentables.

Gil s’en va.